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[Documento] Debate | ‘¡Allons enfants de la Patrie! Sobre las mayorías, contra la democracia’

Enviado al correo por PortalOACA.

El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio (Winston Churchill).

Tras esta afirmación del conservador de Churchill sobre el sistema democrático, del cual él se benefició durante años, y sin ánimo de compartir o debatir con él la existencia del “votante racional”, este texto pretende analizar histórica, y socialmente el sistema democrático, la influencia de las mayorías en las decisiones políticas, hacer una critica al concepto de ciudadanía y crear un punto de inflexión sobre cierta deriva ideológica hacia la izquierda que tienen ciertos sectores del anarquismo, ya sea en sus objetivos, como en sus formas. Además,  pretende a través de él, replantear métodos, estrategias,acciones y discursos en pos de construir una sociedad anarquista.

Breve introducción histórica: Origen y desarrollo de la Democracia.
Hablamos  de  democracia  y  aparece  en  nuestra  cabeza  el mundo   idílico   de   la   Grecia   clásica:   hombres charlando civilizadamente bajo el sol mediterráneo, envueltos en blancas togas. Pensar esto es faltar claramente a la verdad. La  gran  mayoría  de  las  personas  que  vivían  en  la  cuna  de  la democracia  lo  hacían  en  la  esclavitud,  y  del  poder  decisorio quedaban  excluidas  también  las  mujeres.  En  el  maravilloso origen  de  la  idea  democrática  sólo  mandaban  los  hombres propietarios  y  su  poder  se  extendía  a  todas  sus  propiedades, incluida la familia y los esclavos/as. Eso sí, los  propietarios  se  trataban  entre  ellos  como  hombres  libres e  iguales.
Rompiendo algunos mitos y muchas falsificaciones históricas y  lingüísticas  se  ha  de  señalar  que  la  palabra  democracia no viene  de  dos  palabras  (demos que  supuestamente  significaría “pueblo”,  y cratos que  supuestamente  significaría  “poder”, dando lugar así al término “el poder del pueblo”).
La palabra democracia se  deriva  de  tres  palabras: demiurgos o  artesano, geomoros o  campesino  y cratos o  Estado  (en  griego  arcaico,  y no  “poder”,  significado  que,  por  razones  políticas,  adquirirá  más adelante, en la época clásica, para justificar el orden social vigente). De la fusión de las dos primeras palabras demiurgos y geomoros surgirá  una  nueva; demos, que  va  a  aparecer  en época clásica, siendo por tanto un neologismo que no existía cuando  se  funda  este  orden  socio-político.  Con  este  juego de  palabras  entre  artesano  y  campesino  se  formará  la  palabra “pueblo”  para  justificar  el  nuevo  aparato  estatal  y  refrendar el  orden  social  impuesto.  Claramente  el  pueblo  son  los artesanos,  comerciantes  y  campesinos  y  para  ellos  está  hecho el  nuevo  régimen.  Quienes  no  formen  parte  de  estas  clases, no serán parte del pueblo. Así pues nos encontramos con que democracia no significa “el poder del pueblo”, sino el “Estado de los artesanos y los campesinos”.  Pero además conviene hacer una nueva aclaración. La sociedad ateniense en el momento inmediatamente anterior a la instauración de la democracia estaba compuesto por tres clases o estamentos sociales: los eupátridas, en la cima de la pirámide, que  eran  los  nobles  y  el  estamento  de  entre  el  cual  salía  el monarca; los demiurgos que eran los artesanos y comerciantes, pero no unos artesanos cualquiera, sino los maestros artesanos y  dueños  de  los  talleres  (es  decir  personas  con  esclavos  y asalariad@s que dirigían la producción y el comercio al servicio de  los  eupátridas);  y  los  geomoros  o  campesinos,  campesinos propietarios de tierras y dueños de esclavos. Estos tres eran los estamentos de entre los hombres libres, estamentos subdivididos a su vez según rango, riqueza y posición social. Después en la escala más baja de la pirámide estaban los metecos o hijos de padre ateniense y madre extranjera (que solían ser los asalariados o los ayudantes de demiurgos y geomoros), hombres libres pero que no tenían los mismos derechos que los atenienses libres, y más abajo aun estaban los esclavos. A parte estaban las mujeres que no sólo no gozaban de la condición de “ciudadanos” sino que ni tan siquiera alcanzaban la categoría de “personas”.
Esta idea de sociedad supuestamente armónica y claramente desigual desaparece bajo  el  rumor  de  los  tiempos,  y  no  tiene  nada  que  ver  con nuestra democracia. La que nosotrxs sufrimos es fruto de una evolución  histórica  concreta  que  se  inicia  con  la  creación  del Estado  moderno,  que  nace  en  un  momento,  un  espacio  y unos  paradigmas  ideológicos  determinados.
El Estado moderno aparece ligado al Estado-nación, a la división de poderes como garantía, a una retahíla de derechos y obligaciones inalienables.  Más  allá  de  una  relativa  ampliación de  los  límites  de  lo  que  es  tarea  del  Estado  en  el  Estado  del Bienestar,  o  de  una  supuesta  participación  de  lxs  ciudadanxs en  el  funcionamiento  formal  del  Estado  democrático,  estas variantes  del  Estado  moderno  no  tienen  más  objetivo  que seguir  tratando  de  mantener  ese  orden  artificial  construido, haciendo equilibrios conforme con las circunstancias y los requerimientos históricos. La  institucionalización  del  Estado  moderno  y,  aún  más,  su forma  democrática,  implica  el  nacimiento  de  la  ciudadanía. Los  individuos  dejan  de  serlo  y  pasan  a  formar  parte  de  una realidad  superior,  el  Estado,  que  les  proporciona  seguridad mediante   la   conservación   de   unos   supuestos   derechos naturales  e  inalienables.
Los   derechos   son   las   concesiones   que   otorga   un   poder establecido, es decir, lo que se ese poder permite hacer a quienes somete. Los deberes son las imposiciones de ese mismo poder, es decir, lo que obliga a hacer. Derechos y deberes son por lo tanto  un  binomio  ya  que  los  unos  son  contrapartida  de  los otros  y  viceversa.  Lo  cual,  y  dado  que  los  dos  puntales  de  la democracia son la ley de mayorías y los derechos, nos lleva a varias reflexiones.
Una es que las personas no tienen derechos, sino necesidades vitales. Confundir  derechos con necesidades es un grave error que nos viene de la mano del pensamiento autoritario.
Otra es que quien tiene derechos tiene deberes y, como se ha señalado antes, esto es axiomático. Todo derecho implica que alguien  te  lo  reconozca  y  ese  alguien  a  cambio  te  reclamará deberes.También  tienen  derechos  quienes  sufren  las dictaduras, lxs niñxs en las escuelas, lxs presxs en la cárcel, los animales, las “minorías”, etc.
Los derechos prefiguran necesariamente autoritarismo. Para tener derechos es necesario ser gobernado, domesticado y por lo tanto hay que estar oprimido, o lo que viene a ser lo mismo, esta  reflexión  nos  lleva  a  que  quien  tiene  derechos  no  tiene libertad por lo tanto quien quiera ser libre, además de luchar por ello, no puede reclamar derechos,  dado  que  no  es  posible  que  la  libertad  se  conceda.
Mayorías y Delegacionismo. Muerte al ciudadanismo.
Con la situación actual de bloqueo político por falta (aparente) de pactos, y ante el inquietante cambio de rumbo de ciertas fuerzas políticas continuamente para llegar al poder político, y su discurso repetido sobre reformar y reforzar el sistema, para que tengamos más y mejor democracia, la “ciudadanía” espera pasiva a que se pongan de acuerdo y triunfe la democracia. Dispuestos a pactar con el diablo y obteniendo pactos “por arte de mafia”, los partidos políticos siguen ganando adeptxs. Los intereses políticos, quizás ahora más diversos que antes, si analizamos las campañas de forma superficial, nos aparecen opuestos entre si, pero tras un análisis mas profundo y sobre todo, cuando llegan momentos cruciales como elecciones, casos de corrupción interna, o cuando les llega la hora de pactar para obtener sillones es bastante fácil de comprobar como no eran tan diferentes. Los que decían que había que pensar en las próxima generaciones, querían decir próxima elecciones y los de siempre ahora hablan en lenguaje inclusivo y pasean por mercados y barrios populares para llegar al electorado. Electorado que jamas renuncia al sistema establecido, ni cuestiona que todos favorecen y se enriquecen con la estructura del estado y el sistema capitalista. Y además , se le manda un mensaje de que si algo va mal, será por su culpa. Por votar equivocadamente , por no hacerlo, por establecer prioridades por encima del valor nacional de unidad en momentos delicados. Nunca es buen momento para criticar el sistema. Y además debemos estarles agradecidxs. Podíamos estar peor….
Nacer en un sistema heredero de otros más represivo no puede dejarnos sin la posibilidad de elegir otra forma de organizar nuestras vidas, ni puede obligarnos a asumir el sistema democrático. Fraga: “El franquismo ha sentado las bases para una España con más orden” diario El País (30 de diciembre de 2007).Fraga siempre será recordado por su “franqueza”.
No controlamos qué, ni cuánto se produce, pero tenemos derecho a consumir todo lo que queramos, no controlamos cómo gestionamos nuestro aprendizaje pero tenemos derecho a trabajar para pagarnos la carrera si quisiéramos hacerla. Y estos son solo dos ejemplos. Vivimos en un sistema donde una minoría privilegiada ostenta el poder frente a una minoría esclavizada. Nos dicen que tenemos que empujar todxs en la misma dirección, sin cuestionar porque empujamos ni hacia donde nos dirigimos. Nos han dejado los remos, pero jamas hemos llevado el timón. Pero la verdad es que no queremos cambiar esa situación para que no cambie nada, no queremos mejorar eso, queremos erradicarlo de raíz. Queremos subvertir el orden establecido. Creemos firmemente que los partidos políticos y la democracia no favorecen nuestros intereses y por ello nos negamos a legitimarla.
Pero la democracia no es tan fácil de tumbar. Nos la han inculcado del tal manera en la cabeza, que nos cuesta imaginar la vida sin ese generoso regalo que nos han brindado las clases dominantes. La mentalidad del poder que se aprecia en mayorías como en minorías, reproduciendo fácilmente el sistema aunque te haya perjudicado de por vida, protege así mismo al sistema. Tenemos tan interiorizada la propaganda del sistema que toleramos sus desvaríos, su represión y sus consecuencias pero jamas se tolera la rebelión.
El civismo consigue ciudadanxs-policías, que no tienen ningún problema en defender y disfrutar de derechos que se consiguieron por medios violentos, o por facciones políticas que jamás tendrían cabida en su concepto de paz social.
Observamos desencajadxs como se reivindica, mano en pecho y con emoción, la igualdad, la fraternidad y la libertad del pueblo francés (un ejemplo para los demócratas y liberales, de las conquistas sociales). Para nada se defenderían hoy los disturbios producidos durante la revolución francesa, de ese grupo de violentos (como los denominarían ahora) que, lejos de contar con la complicidad de la mayoría hicieron; para el discurso imperante, historia. Apenas eran unos miles de individuos enfurecidos los que incendiaron París frente a la mayoría sabia y siempre legítima, que no participó en la protesta. Otro ejemplo de manipulación histórica.
No existe ni un sólo ejemplo en la historia en el que podamos basarnos para teorizar sobre una posible revolución pacífica.
Nos acordamos de Mandela y sus trajes llamativos para brindar por la democracia, la paz y la convivencia, olvidando su pertenencia a grupos armados y el uso de la violencia. Nos enorgullecemos de Martin Luther King o Rosa Park, y su lucha por los derechos de las personas negras, pero silenciamos la lucha llevada a cabo por diferentes movimientos como Panteras negras, que no dudaron en alzarse en armas. Defendemos a toda costa el pacifismo como determinante en un proceso político, cuando no siempre ha existido, o nos lo inventamos cuando ni si quiera ha sido determinante. El sistema se apropia de los movimientos de liberación, o los criminaliza, según le interese. El PKK y las YPG luchan contra la opresión del pueblo kurdo, pero como no pueden venderle tantas armas como a DAESH pues los catalogan de terrorismo. Que viva para siempre el pedófilo y antisemita de Gandhi y mueran para siempre las milicias de Nueva Era, llevando a cabo una guerra de guerrillas en contra de objetivos británicos. Olvidamos todo eso cuando le vemos la cara a Gandhi en todos los noticieros, recordando su vida, su muerte y su fantásticas hazañas. Mientras el 80% de la población no tiene para vivir dignamente, sustentado por guerras, desigualdad,  y violencia institucionalizada, que nadie tire la primera piedra.
Sobre inmovilistas y traidores.
También se observa esa tendencia a desvincularse de la participación política con el argumento de que no se es de ningún bando. No ser de ningún bando es la manera mas cómoda de aceptar el bando imperante y colaborar silenciosamente con él. No se puede no tener ideología, lo que se hace es no aceptar la responsabilidad de cambiar nada, ni asumir las consecuencias por pertenecer alegremente al sistema instaurado.
Desde algunos sectores de la izquierda vemos intento por aunar las luchas, o directamente  apropiarse de ellas. Utilizando la manipulación histórica reivindicáis hechos y homenajeáis a personas a las que hoy en día encarcelaríais, o encarcelasteis en otra época.
Vuestro discurso populista sobre el si somos el  99%, no es aplicable en nuestra práctica real, ya que ni luchamos por el mismo fin ni usamos los mismos medios, y además nos negamos a colaborar con aquellos que utilizáis el sistema cuando os conviene. Nosotrxs no queremos que existáis. Exponéis una representación abstracta de las luchas, desarrollando de forma paralela una decadencia en valores. Esto genera dependencia hacia el poder, aunque se tenga un discurso radical. Discurso que cae en el olvido cuando aparece la oportunidad de cambiar el sistema desde dentro. ¿Que características tiene que tener un sistema de organización política para intentar cambiarlo desde dentro? ¿Sistema Democrático?¿Una dictadura? ¿Daesh?.
Este contexto en el que el discurso se radicaliza pero las acciones se quedan en ciberprotesta, es un clima común que aprovecha la izquierda socialdemócrata para, a través de su aspecto reivindicativo ahogar las luchas y los actos de protesta.
Un ejemplo lo tenemos en la multitud de personas que reivindica, a través de redes sociales y desde su casa que vuelvan ETA o los Grapo… ¿Que vuelvan y resuelvan nuestros problemas?. Ni un ápice de implicarse en nada, para además una vez iniciado el proceso judicial por decir: A Ortega Lara habría que secuestrarlo ahora; argumentar: Cuando dije que a Ortega Lara habría que secuestrarlo ahora quería decir que nunca habría que haberlo secuestrado…
Ser consecuente es asumir las consecuencias. ¿No?
Esa idiotez que decíamos cuando éramos de extrema izquierda de que las cosas se cambian en la calle y no en las instituciones es mentira“.
Pablo Iglesias Turrión.

Querido Pablo, gracias por iluminarnos en la lucha con el patrocinio del Banco Santander. Os distinguís de la mafia únicamente porque no cumplís vuestras promesas. Los espasmos cadavéricos que tiene la izquierda farsante y traidora nos hace reforzar más aún nuestras ideas. Nuestrxs compañerxs están en la cárcel y lxs tuyxs en el parlamento.

¿Sorpresas? Ninguna.
Hacía la Anarquía:
La  lógica  que  rige  el desarrollo de un estado, es el constante crecimiento económico, es  decir,  el  que  las  mercancías  y  transacciones  económicas que  circulen  o  se  realicen  en  su  territorio  posean  cada  vez mayor  valor. Esto responde  a  la  dinámica  suicida  del modelo capitalista, en la que lo importante es sacar el mayor rendimiento  económico  de  los  objetos  que  explota,  producir la  mayor  cantidad  y  vender  cuanto  más  mejor  y  lo  más  caro posible. Los bancos,  las empresas y los estados sólo buscan ampliar todo lo posible su influencia y sacar el mayor beneficio de todo lo que pase por sus manos: Medicamentos,  alimentos,  casas,  ropa,  ocio,  drogas,  mano de  obra,  condiciones  de  explotación… Todo  vale, si  es  para sacar dinero, todo sirve para comerciar y cada mercado tiene su  contexto. El  funcionamiento  de  las sociedades  modernas exige que de todo se haga negocio, que todo sea recuperado y absorbido por el mercado, que sea mercancía para que genere valor  en  los  términos  que  han  impuesto,  el  juego  en  el  que siempre ganan quienes tengan más poder y aplasten al débil.
Por lo tanto, para conseguir una sociedad anarquista es necesario recuperar el valor de nuestras vidas, destruir el sistema capitalista y el Estado y construir nuestra sociedad. Lo primero es necesario, lo segundo imprescindible.
Replantear nuestros discursos y recuperar nuestros actos, nos puede situar de nuevo en un escenario de cambio, una práctica real. Muchas veces chocan nuestros objetivos con nuestros medios para conseguirlo. ¿Aprovechar protestas sociales reformistas para hacernos ver? ¿o esperar el momento adecuado? Los debates sobre este y cualquier tema siempre deberían estar presentes. Pero me gusta pensar que es positivo cualquier acto de rebeldía, ya que puede desencadenar en mayores actos insurrectos. Sin disturbios no se altera la paz social y nada cambia. Eso sí, actos y no lemas. ¿De qué sirven los lemas sí los actos no acompañan? Tengamos respeto a los actos revolucionarios. Solamente con recordar a Severino Di Giovanni no nos acercamos a ninguna estrategia real, ni tampoco apoyar exclusivamente a las personas presas cuando hay operaciones mediáticas. Esta patética solidaridad solo hará colapsar las redes sociales. No se trata de vanagloriar a los GAC, ni adorar el Ai ferri corti, Contra la democracia o cualquier texto de Bakunin. Este insurreccionalismo intelectual, simbólico y por desgracia comercial es puramente contraproducente. Situar a pocas personas en un plano más alto (tan alto que jamás realizamos esos actos que tanto reivindicamos) invisibiliza a tantísimas otras que luchan por sus ideas, y convierte a una minoría (bastante cuestionable ideológicamente en muchas ocasiones) en mártires del movimiento libertario, con liderazgos, personalismos y méritos ácratas. Tenemos mejores formas de recuperar nuestra historia que a través de mártires y vanguardias. Se nos va la fuerza por la boca.
Por suerte, gran parte del movimiento libertario defiende el discurso de que construir anarquismo es mucho más que A.C.A.B. Es organizarse, coordinarse y construir redes donde se desarrollen nuestras ideas. Ya que nadie puede mandar si nadie le obedece, y con la premisa de que si nos organizamos somos más fuertes que cualquier gobierno, asumimos las consecuencias que conlleva el enfrentarnos a estos.
Dedicado a todas aquellas personas que entendieron que para hacer de este mundo un lugar mejor hay que atreverse a destruir todo aquello que lo mantiene como está.
Muerte al Estado y viva la anarquía.
Escrito por Manifiestoalalocura entre los meses de Marzo y Julio de 2016
Bibliografía:
Contra la Democracía (Grupos Anarquistas Coordinados) 2013. 
Extraídas partes del texto y copiadas en el artículo.
El espíritu de las leyes(Montesquieu)1747.
La anarquía( Malatesta)1891.
Elogio del Anarquismo ( James C. Scott)2013.
La rebelión de las masas ( J. Ortega y Gasset)1937.
El principe ( Maquiavelo) 1532.
 

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