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[Chile] Artículo | ‘La traición neoliberal del Partido Comunista y Revolución Democrática a las luchas sociales’.

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El creciente cuestionamiento al papel del Partido Comunista (PC) al interior del gobierno de la Nueva Mayoría y al rol pro-bacheletista de Giorgio Jackson y su organización Revolución Democrática (RD), plantea un importante problema para el conjunto de las organizaciones sociales: esto es, la necesidad de reconocer y enfrentar a aquellos que, accediendo a determinados espacios institucionales, los terminan utilizando para traicionar sus procesos de lucha. Aunque todavía en sus inicios producto de la escasa agudización de la lucha de clases en Chile y la preservación (aunque debilitado) del  consenso bacheletista, este reconocimiento constituiría un importante desafío para el avance del movimiento obrero, popular y estudiantil chileno, aquello tal como lo han demostrado las recientes movilizaciones de las bases del Colegio de Profesores en contra de la dirección de Gajardo.

En este ensayo planteamos que la actuación del PC y RD constituye una de las primeras traiciones políticas de envergadura que enfrenta el ciclo actual de movilizaciones sociales, abierto por la lucha estudiantil del 2011 por la educación gratuita y el fin del lucro. Se propone la existencia de un cambio en el carácter de clase del PC, esto como producto de una triple traición política: a su historia, su estrategia y al campo popular, discutiéndose además el papel pro-gubernamental (institucionalista) que ha venido cumpliendo la agrupación representada por Jackson. Se plantea, finalmente, que la denuncia y el desplazamiento de los partidos de la Nueva Mayoría y sus aliados de los espacios de conducción de las organizaciones sociales constituye, de este modo, uno de los aspectos claves del cuestionamiento de los pilares del neoliberalismo en Chile. Aquello como un paso necesario en el reimpulso de la lucha por la educación gratuita, el fin del lucro y la conquista de una Asamblea Popular Constituyente en nuestro país, posibles bases para el desarrollo de un nuevo horizonte estratégico revolucionario para la lucha de clases chilena.

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¿Quién es el enemigo de clase?

Esta pregunta no admite dos respuestas diferentes. El enemigo de clase son los empresarios y sus organizaciones políticas, por ejemplo los partidos de derecha, los más férreos

defensores de la herencia dictatorial. Son ellos, los parlamentarios PENTA, los partidos de los Novoa y los Larraín, los senadores y diputados de la impunidad patronal, los representantes y protectores más decididos del régimen neoliberal chileno. Pero la derecha dictatorial (que sigue tan pinochetista a pesar de sus intentos

 por “olvidar” su pasado reciente), no ha actuado sola, sino que ha contado con numerosos aliados. Como sabemos, uno de aquellos aliados ha sido, históricamente, la Concertación, en los hechos el principal garante de la estabilidad neoliberal hasta su transformación en la Nueva Mayoría. Yes que fue justamente la acción de los partidos concertacionistas, como es de público conocimiento, uno de los elementos claves en la preservación (y ajuste) de las bases del régimen económico, social y político post-dictatorial chileno. Todo esto, claro, a pesar de las tradicionales rencillas de los partidos patronales entre sí (más o menos violentas, más o menos tranquilas) por el control del aparato estatal y sus diferentes posiciones ante temas valóricos o aspectos parciales (a menudo menores) del modelo económico, social y político vigente hoyen Chile. Un ejemplo de esto puede encontrarse actualmente en el impulso de las llamadas“ reformas estructurales” del gobierno de Bachelet

, especialmente las llevadas adelante en el ámbito educativo y laboral. Tal como ha venido señalando la CONFECH y una serie de organizaciones  estudiantiles y sindicales, estas reformas no constituirían, en realidad, más que un mero retoque de las condiciones actuales, constituyendo además dispositivos funcionales a la reproducción de las lógicas neoliberales. Y si la derecha y un sector del empresariado  se retuercen ante el avance de estas reformas, esto ha tenido que ver, más que con el carácter transformador de las mismas, con aquella prepotencia latifundista que caracteriza tan bien a una fracción de las clases dominantes en nuestro país, acostumbradas por décadas a una forma de dominio tan directo como incontestado. Esto último, así como también el temor que sienten

los sectores conservadores (y una parte del llamado “progresismo”)  a que el impulso del programa de reformas de Bachelet pueda producir un resultado inesperado: esto es, alentar a los trabajadores y sectores populares a ir por más. En el primer caso, es justamente dicha prepotencia  (tan bien expresada en las VonBaer y los Novoa, por lo menos hasta el caso PENTA) la que podría explicar, en una especie de actualización de la frase de Pinochet en torno a que en Chile no se mueve una hoja sin que ellos lo sepan, el rechazo semi-medieval de la derecha ante el aborto terapéutico. En el segundo caso; es decir, el temor de una fracción de las clases dominantes al impulso de reformas parciales en un contexto de  conflictividad social creciente, un ejemplo podría encontrarse, aunque en otro contexto histórico, en la reacción que tuvieron una serie de sectores conservadores ante la llamada “chilenización” del cobre durante los años 60’s.

La triple traición del PC: a su historia, a su estrategia y a las luchas sociales. Siguiendo el camino del Eurocomunismo luego de más de dos décadas    

Producto del desgaste del ciclo democrático post-dictatorial iniciado en 1990, uno de los bloques principales del campo político empresarial chileno: la Concertación, ha debido en el último tiempo buscar nuevos aliados con los cuales intentar revertir su declive hegemónico. Esto tal como en el caso de otros conglomerados patronales en el pasado. La táctica fue así, como es usual, golpear la puerta de las organizaciones obreras y populares. Casi de inmediato, de manera perfectamente cortés, fue nuevamente el PC el que respondió el llamado. Pero no se trataba ahora de aquellos viejos partidos patronales que supieron vestirse tan bien de dirigentes populares tal como hicieron algún día los carismáticos Aguirre Cerda o Frei Montalva al tomar en sus manos (tramposamente) las aspiraciones del movimiento obrero y popular. Esta vez quien tocó la puerta fue, nada menos, que la grisácea e insípida tecnocracia neoliberal, aquella casta de semi-gerentes y semi-ciudadanos que ha caracterizado, por más de un cuarto de siglo, a la médula de los antiguos partidos concertacionistas. Como decimos, fueron ahora algunos “grandes estadistas” de la transición pactada como Ricardo Lagos, las combativas  Carolina Tohá y una serie de insignes luchadores populares de la calaña de los Fulvio Rossi y los Lagos Weber quienes tocaron la puerta, todos ellos bajo el mando de otra de las figuras emblemáticas del statu quo neoliberal: Michelle Bachelet.Y fue justamente en este momento, al escuchar a la puerta a los grises políticos noventeros del neoliberalismo, que el PC decidió traicionar, ya no a Recabarren y al programa bolcheviqueque inspiró su fundación (dicha traición se realizó, en realidad, hace ya muchas décadas), sino que a su propia historia. ¡Con ellos! Con esos productos del marketing y la frase pegajosa, con aquella ralea de políticos decadentes y miserables, quizás los peores en la historia de Chile…Con ellos, con ese ejército de candidatos vitalicios cuya única “virtud”es aquella sonrisa eterna, vacía y perfectamente estúpida. Es cierto que, para ser justos, el PC tenía ya antes de su inserción a la Nueva Mayoría, como hemos dicho, un largo historial de “alianzas

táctico-programáticas con partidos patronales. Aun así, como concordará cualquiera que conoce algo la evolución de la izquierda chilena durante el último siglo, puede afirmarse que lo de hoy posee un carácter inédito. Esto es, la completa subordinación: táctica, estratégica y programática del PC a un gobierno tan perfectamente neoliberal (aunque con retoques importantes en curso) y que posee una continuidad neoliberal tan evidente con las anteriores administraciones concertacionistas  que  ninguna comparación con la experiencia de los Frentes populares (¡y menos con la Unidad Popular!) puede ya ser creíble. Estamos frente entonces, a todas luces, a un cambio de “táctica”

. Ya no se trata para el PC de establecer alianzas con la burguesía nacional, esto con el objetivo de impulsar, gracias a una determinada correlación de fuerzas y su peso en el seno de las organizaciones obreras y populares, la “democratización del Capitalismo

” (o como ellos llaman: una supuesta Revolución Democrática). Por el contrario, de lo que se trataría ahora seria de arrodillarse ante los partidos patronales, obedecer sus lineamientos programáticos y mendigar una que otra cuota parlamentaria, uno que otro viatico ministerial y uno que otro “parche neoliberal” (denominado grandilocuentemente como “reforma estructural”), esto  para suavizar, no eliminar ni cuestionar, uno que otro aspecto del salvaje modelo neoliberal chileno. Todo aquello, finalmente, para publicar cada tanto una portada de Bachelet en El Siglo acompañada de una frase del tipo Estamos avanzando  y  poder explicar así a los trabajadores y al movimiento popular chileno que, pese a todas las evidencias, sus intereses están siendo bien  defendidos.

Extraña “defensa” de los intereses del pueblo explotado, de la mano de los mismos que han venido legitimando el avance de todos y cada uno de los planes privatizadores de las últimas décadas, extrañísima “defensa” que, como hemos señalado, le ha valido al PC traicionar sus propias tradiciones históricas. Como dijimos, no se trata aquí de una traición al partido de Recabarren que formó parte ya adoptó el programa de la III Internacional y la Revolución Bolchevique, programa que terminó de abandonar este partido en la década de 1930 al calor del avance de las políticas estalinistas. Fue ahora a su propia tradición democrática-reformista, aquella formada al alero de los Lafferte, Labarca, Teitelboim y Marín, la misma que fue probada (y derrotada) al calor del ascenso revolucionario de los 70’s, la cual han traicionado. Muestras de esta traición auto-infligida a manos de la tecnocracia neoliberal concertacionista pueden encontrarse hoy por montones. Veamos brevemente algunos ejemplos, contundentes, de esto último. Ya a pocas semanas de la asunción del gobierno de la Nueva Mayoría, fue el mismo presidente del PC quien se encargó de explicar a los trabajadores la misión de su partido como miembro del gabinete bacheletista. En sus propias palabras, que ya no se trataba de contraponer los justos intereses de la clase obrera y el movimiento popular en contra de sus explotadores: los empresarios, sino que de impulsar una política país, en beneficio de todos

. Dicho de otra forma, el abandono público, explicito, transparente, de una política basada en la lucha de clases. ¿Astucia política? ¡Claro! Como nos diría

Teillier…

 

* Extracto del ensayo y articulo  “// La traición neoliberal del Partido Comunista y Revolución Democrática a las luchas sociales. La pelea por la educación gratuita y el concepto de Asamblea Popular Constituyente”   de  Miguel Fuentes Muñoz  Licenciado en Historia (Universidad de Chile)

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Fuente: 

http://es.scribd.com/doc/252938596/La-traicion-neoliberal-del-Partido-Comunista-y-Revolucion-Democratica-a-las-luchas-sociales-La-pelea-por-la-educacion-gratuita-y-el-concepto-de-Asamb

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