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[Formación] Historia | ‘Bakunin en España: los aliancistas y la difusión ideológica que no fue’

Según el jesuita Casimiro Martí (en Orígenes del anarquismo en Barcelona), antes y después del ciclo revolucionario de 1868 el movimiento obrero catalán se organizó o bien según el cooperativismo o bien según el reformismo socialista. Los cooperativistas respetaban el orden socioeconómico y consideraban utópico el concepto de emancipación de los trabajadores como clase. Los reformistas socialistas aspiraban a que el Estado regulara las relaciones en el Mercado frente a la neutralidad que habían establecido los liberales. Y los trabajadores buscaban mejoras laborales y profesionales, no una revolución que era asunto de una minoría militante. Debemos entender la última afirmación en un sentido abstracto que no implicaba crítica alguna al productivismo ni a su imposición a los trabajadores mediante el poder coactivo extraeconómico. De hecho, la tesis de Martí era una justificación del neocorporativismo católico. Pero su obra significó sobre todo que se transformara en tópico historiográfico un argumento político cuya expresión más desarrollada y una de las primeras (si no la primera) la hizo Friedrich Engels en un opúsculo de 1873 (por supuesto, me refiero a Los bakuninistas en acción). A saber, que el movimiento obrero en España se había caracterizado desde sus orígenes por la antítesis entre un sindicalismo «sensato» y propio de la clase obrera nacional frente al anarquismo «irrealista» y extraño a la sociedad española.

Sin embargo, los conceptos políticos marxistas y bakuninistas tuvieron las mismas oportunidades de difusión mediante la prensa obrera tras el movimiento revolucionario de septiembre de 1868. La serie de decretos que dio el gobierno provisional revolucionario incluyó el de libertad de imprenta del 23 de octubre de 1868, por el que se abolió la censura. Y la Constitución de junio de 1869 reconoció también la libertad de imprenta como un derecho individual. Cierto que en la práctica las autoridades de provincias y municipios interfirieron por medios legales y extralegales en el ejercicio de la libertad de imprenta, que además quedó sometida a la legislación sobre orden público que el gobierno provisional decretó en julio de 1869 y que, como los demás derechos individuales, no quedó exenta de las suspensiones de la Constitución. Pero que se reconociera como un derecho por el Estado resultó en que el número de periódicos y revistas se incrementase en semanas de forma exponencial. También la de los sindicatos obreristas.

Aunque el incremento de la prensa a partir de septiembre de 1868 fue volátil, mediante las polémicas por carta entre militantes y la publicación de textos originales los conceptos políticos marxistas y bakuninistas se difundieron entre los miembros de los sindicatos obreristas españoles. Y sin que podamos afirmar que hubiera una toma de partido entre las tesis de Marx o de Bakunin en un primer momento; hasta tal punto que la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), una agrupación internacional de federaciones sindicales e individualidades destacadas que aspiraba a ser la organización política y pública del proletariado militante, se confundió en España con la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, una organización de militantes socialistas que se basaba en el principio de la afinidad ideológica, cuyo fin era influir en la definición ideológica de la AIT mediante la acción directa, y que adoptó un carácter secreto para no comprometer a la misma AIT. Y militantes socialistas que no solo eran obreros industriales, sino también artesanos, minifundistas, e incluso individuos que provenían de las clases medias urbanas pero que se oponían a la clase dominante (los notables o clases conservadoras).

«Bakunistas» frente a Marxistas

El enfrentamiento entre «bakuninistas» y marxistas no se inició dentro de la Federación Regional Española de la AIT (FRE) hasta el primer semestre de 1872, cuando los segundos denunciaron a los primeros como conspiradores. Era consecuencia de la aceptación por el Consejo General de la AIT en septiembre de 1871 de la tesis de Marx de que la revolución socialista exigía que el proletariado se organizara en un partido político. De hecho, hasta entonces no puede hablarse en propiedad de que hubiera existido una facción marxista y otra «bakuninista» dentro de la FRE. En el mes de abril de 1872 un congreso de la FRE decidió que la Alianza se disolviera en España. La respuesta de los marxistas fue llevar su denuncia a extremos de conspiranoia, como si la disolución fuera una nueva táctica de los «bakuninistas» para infiltrarse en la FRE y controlarla. Los marxistas obligaban a todos los militantes de la FRE a la toma de partido. En el verano siguiente la ruptura culminó cuando el grupo internacionalista de Madrid apoyó las tesis políticas de Marx y el de Barcelona las de Bakunin. Anselmo Lorenzo fue el único internacionalista que no tomó partido aun cuando era anarquista. La ruptura se formalizó en julio de 1872 cuando un manifiesto de los marxistas españoles denunció la Alianza como una sociedad secreta que formaban conspiradores ajenos a la AIT. En el mismo mes los marxistas constituyeron la Nueva Federación Madrileña, que fue reconocida por el Consejo General de la AIT pero a la que solo se sumaron una docena de las más de 150 federaciones locales de la FRE. Esto ocurrió dos meses antes del congreso de la AIT de La Haya, que significó la escisión a escala internacional entre los partidarios de Marx y los de Bakunin. La Nueva Federación Madrileña se disolvió de hecho a lo largo del primer semestre de 1873, contrariamente a lo que podemos llegar a deducir de la lectura de Los bakuninistas en acción.

Mas la Alianza no era una organización de conspiradores ajenos al proletariado militante. Al menos, no en
España, donde ya hemos escrito que se confundió con la misma AIT. En realidad, los marxistas de la FRE caracterizaron como «bakuninistas» a todos los aliancistas. Pero en sentido estricto los aliancistas españoles no eran bakuninistas, si como tales entendemos a los militantes de la AIT que desde un primer momento se adhirieron al programa de Bakunin y Fanelli de abolición inmediata del Estado y del régimen jurídico de propiedad privada tras la cual y a partir de los centros de trabajo había de ser instituido un régimen de propiedad colectiva no solo de los medios de producción, sino también de los recursos naturales y de los bienes producidos.

Secciones de oficio federadas

Los aliancistas españoles propusieron una organización sindical por secciones de oficio que se federaran entre sí y que, a su vez, habían de federarse en la FRE. De esta forma había de constituirse la institución política y económica que reemplazara el Estado. Era el objetivo último. Los medios para lograrlo no eran solo la huelga general (que los marxistas identificaron desde Engels como la única táctica política de los anarquistas y criticaron en consecuencia), sino además, el establecimiento de cajas de resistencia y la aceptación condicional del corporativismo (que debía ser solo entre proletarios y excluir a los patronos; y siempre con el entendimiento de que no era un medio para la emancipación de clase en tanto que no incluía a todo el proletariado). Y frente a la estrategia propuesta por Marx de que el movimiento socialista se organizara en un partido para la acción parlamentaria e incluso para la insurrección armada, los aliancistas españoles afirmaron el apoliticismo. Era diferente del antipoliticismo de Bakunin.

Los aliancistas entendían que el Estado es la institución que concentra todo el poder coactivo extraeconómico y que la política no es sino la expresión de las relaciones de poder en una sociedad; en consecuencia, afirmaban que el Estado tenía que ser destruido por ser un simple instrumento de los notables, mientras rechazaban la participación de las organizaciones del proletariado en la institución estatal porque suponía que se integraran en un sistema político que imposibilitaba la emancipación colectiva sin la que no podía realizarse la emancipación individual. Es decir, y con sentido obrerista, la emancipación era del proletariado frente al Estado como instrumento de dominación de la clase de los notables, lo que había de permitir a su vez la emancipación de los proletarios frente al Estado como institución opresiva del individuo. Hasta aquí, podía haber una identificación entre el aliancismo y el bakuninismo. Pero el apoliticismo aliancista como rechazo a la participación política de las organizaciones del proletariado en el Estado no implicaba el rechazo a que los proletarios participaran a título individual en organizaciones políticas que buscaban dicha participación. De esta forma se pretendía que todo el proletariado español se organizara en una sola federación sindical por encima de diferencias ideológicas.

En la propuesta de los aliancistas había una serie de conceptos que derivaban de las experiencias históricas de los sindicalistas de clase españoles. Para ellos el Estado solo representaba los intereses objetivos de la clase dirigente por la experiencia del dominio social de los notables, por lo que no podía ser el instrumento por el que el proletariado lograra su emancipación como clase. Ni siquiera aunque se redujese a la mínima expresión, porque en el momento en que se constituyó se había establecido una «tiranía de nuevo tipo», un poder que era ilegítimo no solo por gobernar contra el bien común sino por ejercer la violencia para suprimir toda libertas pero en beneficio de la clase dominante. Había aquí una continuidad histórica con las luchas políticas y sociales de los siglos XVI-XVIII, que se centraban en la lucha contra los que monopolizaban el poder municipal en defensa de aquellos que carecían tanto de medios económicos de subsistencia como de medios de políticos de defensa.

Dichos conceptos no formaban un programa político que exigiera adhesión total, pero sí que establecían afinidades políticas e ideológicas. Podemos definir la propuesta sindical del aliancismo como federalismo socialista. Y como tal, tenía una continuidad ideológica con el federalismo republicano. Cierto que no significaba que hubiera una identificación automática entre los aliancistas y los militantes más radicales del Partido Republicano Democrático Federal (los intransigentes).

Los intransigentes y los aliancistas llegaron a estar opuestos en el nivel estatal; pero en el nivel municipal no solo se confundieron, sino que los intransigentes eran trabajadores con doble militancia en sociedades obreras que no siempre estaban afiliadas a la FRE. Es decir, el federalismo republicano se confundía con el proletariado militante en el más amplio y pleno sentido del concepto en los municipios (participación en listas electorales, alistamiento en las milicias, intervención en la política local) aunque pudiera llegar a oponerse en el Estado. Hasta tal punto, que la insurrección cantonalista del verano de 1873 solo triunfó en los municipios en los que los trabajadores lo apoyaron (hasta que el ejército lo suprimió), lo que deja como un tópico historiográfico (al que Engels también contribuyó) la identificación de los segundos con una fracción de la burguesía. Lo que distinguía sobre todo a los aliancistas como Anselmo Lorenzo y los identificaba entre sí era que entendían que el proletariado militante en tanto que sujeto histórico colectivo (es decir, en tanto que clase) era una fuerza metahistórica que había de liberar toda la Humanidad, lo que exigía que el Estado desapareciese en tanto que era siempre un instrumento de la tiranía y de la explotación que no podía reformarse y que tenía que ser destruido para que se liberara el trabajo como fuerza social progresiva.

El ciclo revolucionario de 1868-1874 significó el génesis del anarquismo como tradición política en España. Y una tradición política en la que había ciertamente influencias ideológicas de Bakunin que ayudaron o reforzaron la conceptualización dentro de ella, pero que no podemos identificar con el bakuninismo ni reducir a una importación extranjera y extranjerizante.

Carlos José Márquez-Álvarez
 
Fuente: Suplemento Bakunin.pdf del Periódico CNT 413 – Julio 2014.pdf
 
Sacado de http://www.portaloaca.com/

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