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[Chile] Opinión | “Conejear”, verbo predilecto del Partido Demócrata Cristiano. 

Escrito por  Arturo Alejandro Muñoz.
Fines de Julio, 2014.
Chile: “Conejear”, verbo predilecto del Partido Demócrata Cristiano

La conjugación política de ese verbo, el PDC la inició el año 1964. Lea estas líneas y entenderá el cómo, el por qué y el para qué esa tienda partidista continúa haciéndolo

EN EL CAMPO chileno hay un dicho que usualmente se utiliza para explicar, con palabras breves y directas, aquello de procurar caminos ‘no oficiales’ –y menos transitados- para llegar más rápido y con menos problemas al punto de destino. A tal situación se le llama “irse conejeando”.

En la historia política de nuestro austral país hay una conocida tienda partidista que se ha destacado por el uso y abuso de aquel “conejeo” rutero, ya que viene abrazada al mismo desde una época de competencia electoral algo lejana, como la del año 1964 en el que una maniobra de asociaciones moralmente discutibles zanjó una elección presidencial inclinando la balanza –una vez más- hacia el lado derecho del fiel.

Allí se inició la saga de “conejeos” políticos del partido demócrata cristiano (PDC), pues de acuerdo al marco de la ya desaparecida  Constitución de 1925, cada vez que se producía una vacante en algún escaño parlamentario, siempre que esta fuera antes de seis meses de la siguiente elección, se procedía a una elección uninominal complementaria para que el vencedor de la misma ocupara el escaño vacío. Así había sucedido en numerosas ocasiones y lo mismo ocurrió a la muerte del diputado por Curicó, Óscar Naranjo Jara, del Partido Socialista, en diciembre de 1963.

A esa elección se presentó el hijo del fallecido diputado Naranjo Jara, el también socialista doctor Óscar Naranjo Arias, del Frente de Acción Popular, (FRAP),quien obtuvo un inesperado 39,2% de la votación, frente al 32,5% del candidato del Frente Democrático de Chile, coalición de derecha, y el 27,7% del representante de la Partido Demócrata Cristiano (PDC). El triunfo del doctor Naranjo (en ese entonces, un médico con excelente reputación profesional y humana en la “ciudad de las tortas”), provocó no sólo un descalabro en las filas derechista sino, también, pánico ante aquello que consideraron “un oportuno aviso” respecto del posible triunfo de otro doctor –Salvador Allende- pero en elecciones más relevantes, como serían los comicios presidenciales en septiembre de ese mismo año.

Ni cortos ni perezosos, ante el terror que envolvía a liberales y conservadores, los dirigentes del PDC “se dejaron querer” al momento que las máximas autoridades del gobierno de turno (encabezado por el ingeniero y empresario Jorge Alessandri Rodríguez) les insinuaron la posibilidad de un acuerdo tácito, en el cual la derecha le restaría completamente el apoyo a su propio candidato – Julio Durán Neumann- prometiendo sufragar por Eduardo Frei Montalva, representante de los democristianos, quienes no pusieron cortapisas ni condiciones para recibir tal espaldarazo.

Fue así que la DC obtuvo más del 56% en la elección presidencial de 1964, iniciando un largo recorrido tomada del brazo de la derecha, asunto que no siempre le traería buenos resultados, ya que en 1970, otro democristiano, Radomiro Tomic, aseguraría que “cuando se gana junto a la derecha, es la derecha la que gana”.

¿Dije, 1970? Ese año, cuando Salvador Allende y la Unidad Popular obtuvieron el triunfo en las elecciones presidenciales, el PDC retomó de inmediato la vieja costumbre de ‘conejear’ políticamente. Con una actitud cuestionable, una vez más se dejó acariciar por los arrumacos derechistas que le planteaban “la” solución para zafarse del “candidato marxista”, cual era una idea expuesta a la directiva nacional de la Democracia Cristiana por García Garzena y Onofre Jarpa –ambos del Partido Nacional (fusión de liberales y conservadores)-  quienes señalaban la necesidad de que los parlamentarios DC votaran en el Congreso a favor de quien había obtenido la segunda mayoría relativa (una vez más, Jorge Alessandri), el que renunciaría al cargo de Primer Mandatario obligando a una nueva elección presidencial en la que, como había ocurrido en 1964, la derecha en pleno votaría nuevamente por Frei Montalva. Los DC intuían que una maniobra como aquella terminaría de mala forma, ya que era cuestión de simple lógica avizorar una violenta reacción popular con resultados catastróficos.

No obstante, la burda e inmoral jugarreta propuesta por liberales y conservadores le vino al PDC como anillo al dedo para quedar bien con Dios y con el diablo. Nació entonces el deshuesado “Estatuto de Garantías Constitucionales”, documento que obligó a Allende a prometer “conservar libertades como las de enseñanza, prensa, asociación y reunión”, y a indemnizar las expropiaciones (agrícolas e industriales) contenidas en el programa de gobierno de la Unidad Popular. Posteriormente, ese estatuto fue aprobado como reforma a la Constitución en 1971.

De esta manera, la DC permitió a Allende asumir como Presiente de la República y, también, tranquilizó a la derecha, con la cual caminaría codo a codo a partir de ese mismo momento, ya que un año más tarde  formarían la CODE (Confederación Democrática), una alianza instrumental centroderechista que apuntaba no tan sólo a derrotar en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 al gobierno socialista de la Unidad Popular, sino también a derribarlo…

El doble estándar o doble juego o “conejeo” democristiano anti izquierda, comenzó incluso semanas antes que asumiera el doctor Allende como presidente de la República, ya que el entonces Ministro de Hacienda del gobierno de Frei Montalva  –Andrés Zaldívar- entregó vía cadena de radio y TV un mensaje ‘de terror’ sobre la situación que viviría la economía nacional por el simple hecho de comenzar a ser administrada por el nuevo gobierno (el de la Unidad Popular), desencadenando un gravísima corrida bancaria que dejó al país en medio de una seria crisis financiera.  .

Es en este período cuando también entró en juego el innoble senador democristiano Patricio Aylwin Azócar. No existe altercado ni contubernio político en el cual no haya estado presente. A nombre de la democracia institucional, el señor Aylwin participó en cuanto ”chamullo legal”  pueda encontrarse en los anales de nuestra historia política de los últimos cuarenta años.

En 1970 fue uno de los gestores del “Estatuto de Garantías”, lenguajeando que lo hacía “en defensa del sistema republicano”. Durante el período 1970-1973,  bajo el argumento de ‘luchar contra el marxismo’(siendo miembro distinguido de la ya mencionada CODE), apoyó sin desmayos la defensa de intereses norteamericanos, como los de la ITT, la Anaconda y otros, escribiendo el prolegómeno de lo que muchos años más tarde realizaría desde La Moneda, siempre a nombre ‘’del bienestar de Chile’’. Desde el Senado formó parte de los grupos que intentaron revertir la nacionalización del cobre, proyecto que Salvador Allende logró concretar y que hoy, cuatro décadas después, asegura al Fisco chileno un ingreso económico más que respetable, gracias al cual el gobierno de Bachelet puede enfrentar la actual crisis financiera mundial.

Aylwin empujó sin pausas la resolución de la Cámara de Diputados que caratuló de “inconstitucional” al gobierno de Allende, entregando argumentos a los fascistas  que aguardaban, armas en mano, en los pasillos aledaños.

Maestro del ‘conejeo’, fue uno de los pioneros en arrimarse a los cuarteles solicitando a los militares el golpe de estado, y primero también en negarse al acuerdo con Allende que propiciaba el cardenal Raúl Silva Henríquez, lo que habría evitado el baño de sangre que cayó sobre el país. Pero –disociador y ególatra como es- primero, y durante un mes, simuló negociar para salvar su imagen futura y al mismo tiempo hacer patente el deterioro de la situación política en función de la “salida militar y violenta” que propiciaba en las sombras.

A escasos días previos al golpe de estado, Aylwin le dio patente de veracidad a la fantasiosa creación derechista del Plan Zeta. En youtube.com hay varios videos que demuestran este aserto. En palabras entendibles y directas, apoyó conscientemente la tragedia que cayó sobre los chilenos a partir del 11 de septiembre’73.

Años después de haberse producido “el pronunciamiento militar” (como gustaba a Pinochet y Merino que la prensa dijese), al que había coadyuvado de manera sibilina y solapada, inició los ataques verbales contra la dictadura -al constatar que los militares no iban a traspasar el poder mediante un llamado a elecciones en las que el PDC confiaba obtener pingües dividendos políticos- insuflando aires de democracia a un territorio que la había perdido, precisamente, por la negativa a defenderla, propiciada por gente como él.

¿Y, ahora en el año 2014, ha cambiado en la DC esa actitud ‘de conejear’ que tanto ha usado? Para responder la pregunta es necesario revisar declaraciones, acciones y comportamientos de algunos líderes de esa tienda partidista, como Ignacio Walker, Gutenberg Martínez, Mariana Aylwin, Mónica Jiménez, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Soledad Alvear, Jorge Burgos, Claudio Orrego y otros más, para dilucidar si ellos realmente apoyan (en los hechos concretos) aquellas promesas electorales que lanzaron durante las campañas políticas en materias tributaria, educacional, recursos estratégicos, previsión, salud, etc.

Una vez que usted, amigo lector, revise lo señalado, podrá concluir con certeza que el PDC continúa ‘conejeando’ en política. Agregando a ello que todos esos ‘conejeos’ siempre han favorecido y privilegiado a las mismas cofradías de las décadas de 1960-70:: la de los “vende Chile” y aquella que persiste en anclar al país en la playa de os predadores transnacionales.

Fuente: http://www.kaosenlared.net/america-latina-sp-1870577476/al/chile

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