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[Formación] Artículo | ‘Marx de Vuelta’

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El capital como valor auto-moviente, que transforma el nexo social y las formas de subjetividad, es estructuralmente contradictorio

 

La intención del conjunto de estos trabajos es renovar algunos aspectos de la recepción de Marx en los ámbitos de la filosofía y la teoría social. Tanto en los campos académicos como en los políticos, la serie de prejuicios y lecturas dogmáticas, la profusión de clichés, lugares comunes y malinterpretaciones que acompañan la discusión sobre Marx es tan grande que sería imposible de enumerar. No voy a detenerme, por lo tanto, en la confrontación minuciosa con otras lecturas, tanto de defensores como de detractores de Marx, salvo cuando lo requiera el desarrollo del argumento.

Bajo la forma de pequeñas afirmaciones sobre “el pensamiento marxista” intentaremos presentar los fundamentos de una reformulación contemporánea de la teoría crítica versada en Marx. Reivindicamos la inscripción de este trabajo en el campo del marxismo, entendido como el conjunto heteróclito de tradiciones de pensamiento inspiradas en Marx. Bensaïd hablaba del “archipiélago de los mil y un marxismos”. No hay una única, inequívoca y certera herencia de Marx, como querrían por igual los adoradores de dogmas y los detractores reduccionistas. El marxismo es un campo de pensamiento abierto y agónico, donde el legado teórico de Marx se disputa entre diferentes vertientes teóricas y políticas. Por lo tanto, en los breves párrafos que siguen hablaremos del “pensamiento marxista” para referirnos al singular intentamos de inscripción de este libro en una tradición de pensamiento inherentemente plural. No se trata de un trabajo de erudición marxológica o de una reconstrucción exegética exhaustiva de la obra de Marx, sino de un humilde intento de pensamiento original en el campo abierto del marxismo. Cuando, a continuación, hablamos de Marx, del pensamiento marxista o simplemente de marxismo, mentamos una peculiar relectura, recepción y reformulación de una corriente de pensamiento inspirada en Marx, sin pretensiones de establecimiento definitivo ni exhaustivo de una interpretación textual.

 1. El pensamiento marxista no es una filosofía especulativa de la historia universal

 Los trabajos que siguen suponen que hay en Marx una ruptura con la filosofía especulativa de la historia universal. Marx no parte de una teoría general y transhistórica de la historia humana, que pueda dar cuenta comprehensivamente del progreso desde el paleolítico hasta el capitalismo moderno. Su idea de una eventual transición al socialismo no está refrendada, por lo tanto, como la coronación inexorable de un progreso acumulativo y necesario que vendría desarrollándose desde tiempos antediluvianos con una misma lógica de despliegue. Siguiendo a Postone (2006a, 2006b), veremos que la crítica del capital de Marx parte de bases históricamente determinadas. No necesita una teoría general de la historia, sino que muestra que el concepto mismo de historia universal (como sucesión de fases en el desarrollo de un sujeto global que se va completando en el tiempo) es un concepto capitalista, una mirada retrospectiva y reduccionista que la sociedad burguesa arroja sobre el resto de la historia. Marx provee a una crítica de la historia universal. No apuesta a coronar una historia supuestamente lineal y progresiva realizando el comunismo como esperada fase final de una evolución inexorable. El concepto de historia en Marx tiene un carácter eminentemente crítico: apunta a revelar la transitoriedad de las formas sociales vigentes, antes que a insertarlas en una narrativa lineal y teleológica inexorable y preestablecida.

 2. El pensamiento marxista parte de bases históricamente determinadas

 No partimos de una teoría transhistórica de la historia. En cambio, nuestro punto de partida eshistóricamente determinado. En la interpretación y reformulación que intentaremos presentar, Marx escruta la dinámica estructural de la sociedad burguesa, asentada fundamentalmente en la lógica del capital. El capital opera como un sujeto auto-moviente, que se reproduce efectivamente a espaldas de los sujetos particulares y prescindiendo de sus voluntades. Esa lógica automática y ciega desplegada por el capital, empero, no puede aplicarse sin matices ni mediaciones a toda sociedad precedente. La vigencia de una dinámica histórica objetiva y ciega, inscripta en la estructura de las relaciones sociales, no es transhistórica: no gobierna la sucesión de épocas desde el esclavismo a la actualidad. En cambio, esa dinámica se da de manera singular y característica en la sociedad capitalista. Esto se debe a que en el capitalismo muta la forma del nexo social entre las personas: las relaciones de dependencia personal directa tienden a ser desplazadas, subordinadas o reemplazadas por vínculos estructurados a partir de lógicas anónimas e impersonales. Esas lógicas no tienen validez transhistórica, sino que se montan sobre las peculiaridades estructurales del capitalismo. Al mismo tiempo, la dominación social en la sociedad moderna se funda en esas lógicas abstractas, impersonales y ciegas. Luego, la aspiración emancipatoria de Marx no apunta a realizar una necesidad histórica preestablecida, sino a destruir las constricciones estructurales (específicamente modernas o capitalistas) que se imponen sobre la acción colectiva de los sujetos.

 3. El pensamiento marxista no es un economicismo

 No buscamos establecer una relación causal entre la economía y otros aspectos (jurídicos, políticos, ideológicos) de la vida social. En la lectura “categorial” que proponemos, los conceptos de la crítica de la economía política (mercancía, valor, trabajo abstracto) no son conceptos “económicos” en sentido estrecho o disciplinar. Son conceptos de una teoría social global que escruta las mutaciones del vínculo social que configuran simultáneamente las formas de la subjetividad en la modernidad.

 4. El pensamiento marxista no es únicamente una teoría de la lucha de clases

 El pensamiento de Marx no puede formularse prescindiendo de la crítica a la división de la sociedad en clases. Sin embargo, no se limita a ofrecer una teoría de las clases y sus antagonismos. La teoría marxista es también una teoría sobre las formas y transformaciones del vínculo social en el capitalismo. Esa teoría del vínculo social está, reiteramos, centrada en los patrones de dominación y cohesión social basados en legalidades abstractas e impersonales, propias de la modernidad capitalista.

 5. El pensamiento marxista es una teoría del nexo social

 Prestando una atención privilegiada a la corriente iniciada por Lukács en Historia y conciencia de clase y continuada, con rupturas y transformaciones significativas, por Adorno, Horkheimer y hoy por Postone; estudiaremos a Marx centrándonos en su comprensión del nexo social en la modernidad capitalista. Marx provee las bases de una comprehensiva teoría crítica de la modernidad centrada en las transformaciones del vínculo social y la subjetividad. El trabajo abstracto, expresado en valor, constituye el fundamento estructural de las relaciones sociales capitalistas. Esto significa que las formas como las personas se vinculan entre sí y con la naturaleza, los patrones de subjetivación y la lógica general de la vida social están atravesados, en la sociedad burguesa, por las contradicciones estructurales del capital como valor que se auto-reproduce. La teoría crítica de la modernidad no cuestiona solamente la extracción de plusvalía, sino que escruta los mecanismos de explotación a partir de una crítica global de las formas de sociabilidad y subjetividad en el capitalismo.

 6. El pensamiento marxista no es una concepción afirmativa de la totalidad social

 La crítica marxista de la sociedad moderna no busca superar la separación entre sujeto y objeto. Marx no aspira a realizar una totalidad social (que estaría obturada por el fetichismo de la mercancía) mediante la superación de toda alienación. En cambio, entiende que la cesura entre sujeto y objeto es en última instancia ontológica, esto es, no susceptible de superación histórica (aún cuando asuma formas y contornos históricamente variables). Correlativamente, su crítica social cuestiona las compulsiones que el capital impone a la acción humana. La crítica del capital no se dirige contra las “alienaciones” que supuestamente obturarían, en la sociedad capitalista, la realización de un sujeto total. Marx no concibe la totalidad social como un ideal a realizar para un futuro post-capitalista ni postula un sujeto presuntamente llamado a realizarse en sentido de totalidad. En cambio, critica la vigencia de la lógica del capital y las limitaciones sistemáticas que ésta impone a la libertad, la contingencia y la acción humanas.

 7. El pensamiento marxista es una teoría crítica de la totalidad social

 Para Marx el capital estructura efectivamente una totalidad social. Esto no significa que el capital no encuentre resistencias, ni que funcionalice todas esas resistencias a su propia auto-posición. Significa que el capital tiene una lógica y una dinámica intrínsecas de carácter totalista. El capital es valor que pone valor. Necesita ampliarse a sí mismo constantemente, reproducirse en forma ampliada, subsumiendo en el proceso a todo lo que se le enfrente como heterogéneo. Bajo el imperio del capital se gesta una lógica social tendencialmente autonomizada con respecto a la contingencia de la acción humana. Esa lógica social reificada y ciega del capital es el fundamento de la comprensión de la sociedad desde una perspectiva de totalidad. La sociedad se comporta como totalidad porque las posibilidades de autodeterminación de las personas son aplastadas sistemáticamente por el auto-despliegue contradictorio del capital como sujeto social.

 8. El pensamiento marxista no es un “hegelianismo materialista”

 La lectura marxista en términos de una “inversión materialista de la dialéctica” lleva a la mistificación de construir sujetos “materiales” (la humanidad, el proletariado) supuestamente llamados a realizar el movimiento especulativo de la dialéctica “idealista”. Marx no es un “hegeliano materialista” en el sentido de que busque una figura encarnada en la historia que pueda relevar al Espíritu Absoluto. No aspira a realizar el programa hegeliano de la desalienación partiendo de un sujeto secularizado, de carne y hueso. El pensamiento marxista no gira en torno al concepto de un Sujeto originario (el trabajo, el hombre) que se aliena en la historia para reencontrarse consigo mismo al final. Marx ofrece una crítica de las formas de sociabilidad en la modernidad. Su crítica se dirige contra la construcción de un sujeto de la totalidad social (el capital, cuya dinámica social es análoga a la del Espíritu automoviente). Buscar un sujeto secularizado que deba realizar la totalidad es seguir pensando la emancipación humana con las categorías de la dominación social. El sujeto secularizado de la totalidad ya existe y es el capital, del que es preciso liberarse para ampliar radical y subversivamente el horizonte de la autodeterminación social y colectiva. Hay dominación social porque hay una dinámica histórica totalista gobernada por un sujeto global y reificado. La crítica del capital es, entonces, crítica de la totalidad y su sujeto. No busca un sujeto que realice la totalidad más allá de la alienación, sino que critica la totalidad ya realizada bajo el imperio del capital como sujeto.

 9. El pensamiento marxista no es un antropocentrismo

 El pensamiento marxista no es un humanismo, un subjetivismo ni un antropocentrismo. El suplemento ontológico de un concepto genérico del hombre caracteriza tanto la obra madura (la discusión sobre abejas y albañiles en El capital) como la obra juvenil de Marx (los Manuscritos de 1844). Sin embargo, eso no significa que Marx sea un humanista sujeto-céntrico. Dado que rompe con el horizonte de la totalidad como idea normativa, Marx no es un subjetivista: no aspira a superar la separación entre sujeto y objeto realizando una totalidad puesta por un sujeto liberado hasta la plenitud (como el proletariado o la humanidad). Marx critica la totalidad centrada en el sujeto como un aspecto de la lógica del capital. Su concepto de hombre, suplementario de la crítica históricamente situada de la totalidad, postula el carácter finito del sujeto. La ontología de Marx (dentro de los límites en los que Marx formula una ontología) es negativa: está centrada en la imposibilidad de lograr una identidad de sujeto y objeto, hombre y naturaleza, universal y particular. El “hombre” [Mensch] de Marx, aún cuando ocupa un rol importante en sus formulaciones ontológicas, no es supuesto como sujeto de la totalidad social, como sujeto llamado a reencontrarse consigo mismo por la superación de toda alienación. En cambio, Marx supone un sujeto descentrado con respecto a sí mismo y el mundo, expuesto a la inexorable finitud de las relaciones no totalizables con lo que se le enfrenta como otro (la naturaleza, la historia, el otro hombre).

 10. El pensamiento marxista puede dar cuenta de la política de los nuevos movimientos sociales

 En los últimos años cobraron especial importancia, en las agendas de la izquierda, una serie de movimientos sociales que no están estrictamente centrados en la disputa de la explotación y las reivindicaciones del trabajo asalariado. Estos movimientos se asientan en diferentes identidades subalternizadas y emergentes que mantienen vínculos variables y complejos con la lógica social del capital; pero poseen una importancia y un protagonismo ineludibles para cualquier perspectiva emancipadora contemporánea. En este libro pretendemos mostrar que el marxismo puede dar cuenta de la política de los llamados “nuevos movimientos sociales” y participar en la disputa por orientar esa política hacia un programa anticapitalista, sin caer en subordinaciones reduccionistas o esencialistas. Comprender el pensamiento marxista como una teoría comprehensiva del nexo social permite dar cuenta de las diferentes políticas en torno a la subjetividad o la identidad que dinamizan las sociedades contemporáneas. Acercarnos a los nuevos movimientos sociales a partir del proyecto ético y político de la autodeterminación individual y colectiva intentaremos dar cuenta de cómo estos movimientos son posibilitados por la lógica social del capital, pero al mismo tiempo tienen vigorosas capacidades para conducir su lucha contra esa lógica.

La perspectiva que presentamos pretende diferenciarse tanto de los reduccionismo obreristas de una parte del marxismo, que tiende a desconocer las posibilidades de lucha anticapitalista de las identidades no estrictamente proletarias; como de las visiones posmodernas, pluralistas y posmarxistas que, en nombre de la “pluralidad de sujetos”, acaban por desconocer la lógica social del capital y su despliegue totalista. Aspiramos a ofrecer una perspectiva emancipatoria que permita pensar de modo no reduccionista ni pluralista la multiplicidad de identidades que deben conformar las perspectivas anticapitalistas contemporáneas.

 11. El pensamiento marxista es una teoría crítica de la modernidad

 El capital como valor auto-moviente, que transforma el nexo social y las formas de subjetividad, que reifica las relaciones entre las personas sometiéndolas a su lógica ciega y autonomizada, es estructuralmente contradictorio. Esto significa que su movimiento de totalización lo desgarra permanentemente. La sociedad del capital se desgrana en antagonismos de clase, en contradicciones estructurales expresadas en crisis periódicas, pero también en una permanente contradicción entre la emancipación del individuo con respecto a los lazos de dependencia personal o directa y su sumisión a los mecanismos anónimos de la sociabilidad reificada. Esos desgarramientos estructurales de la sociedad capitalista hacen posible la formulación de una teoría crítica de la modernidad, que alumbre los fenómenos sociales desde una perspectiva emancipatoria. La teoría crítica se define por la capacidad para mirar el mundo constituido desde la perspectiva de las posibilidades liberadoras que duermen en él, posibilidades cuya realización efectiva supondría una subversión radical de las formas del vínculo social del capitalismo. En otras palabras, la teoría crítica de la modernidad es posible en tanto el capital produce históricamente una serie de posibilidades de sociabilidad liberadoras que no puede, sin embargo, realizar. Las contradicciones estructurales de la dinámica del capital, entonces, fundamentan la posibilidad en principio de su crítica.

 (*) El presente texto es una versión resumida de la “Introducción” al libro Marx de vuelta. Hacia una teoría crítica de la modernidad, recientemente publicado por el autor a través de la Editorial El Colectivo.

Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/

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