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[Chile] Artículo | ‘Clase Media chilena, El Mito que nos Infundió el Bloque en el Poder’

por Acción Directa

Viernes, 09 de Mayo de 2014 
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Mediante el presente trabajo pretendemos dar cuenta de la imposibilidad de hablar de “Clase Media”, aún en los marcos teóricos determinados por los teóricos y medios oficiosos de los sectores dominantes de Chile.
UN 84% DE LOS CHILENOS SE CREE DE CLASE MEDIA, PERO…
Mediante el presente trabajo pretendemos dar cuenta de la imposibilidad de hablar de “Clase Media”, aún en los marcos teóricos determinados por los teóricos y medios oficiosos de los sectores dominantes de Chile.
De hecho, la ciencia del materialismo histórico y hasta la sociología tradicional nos aleccionan en el sentido de que para definir la pertenencia a una determinada clase social se debe considerar la relación directa de los individuos con la producción social, y se deja la definición de ‘grupos sociales’, que pudieran ser homologables con lo que se nos quiera dar entender como Clase Media, a aquellos integrados por quienes ocupan un papel intermedio entre las clases principales de nuestras formaciones capitalistas y cuya ligazón con la superestructura de las mismas vendría a ser su sello bautismal, lo cual no corresponde con la definición de marras, pues si bien los habitantes de nuestra formación no son meramente burgueses y proletarios, debido a la existencia de clases y capas intermedias, los sectores dominantes incluyen en esa grande y nebulosa Clase Media a capas y grupos de individuos sin ninguna relación de fondo entre sí (más que unas arbitrarias categorías de ingreso); como, por ejemplo, a pequeños y hasta medianos productores y comerciantes, profesionales, funcionarios de cierto rango, técnicos, administradores, etc. Con ello, meten en un mismo saco a sectores del proletariado, de la pequeña burguesía y hasta a algunos burgueses, creando una entelequia heterogénea que no tiene efectos pertinentes en ninguna realidad conocida.
Sólo queda claro que los sectores dominantes efectúan el embuste de reunir en un mismo hatillo a representantes tan diversos, ante la necesidad de contar con un sector que, en su amplitud teórica, permita acortar la amplia brecha que han creado entre ellos y los ‘pobres’, coadyuvando a la creación de las condiciones para alcanzar cierta paz en medio de tanta injusticia, vendiendo también la ilusión de que, con todo, igualmente son posibles el emprendimiento y la movilidad sociales. De tal modo, el caballito de Troya del asunto viene por el lado de instalar en vastos sectores populares la quimera del cambio de su condición social mediante el simple artilugio del consumo, más bien consumismo, facilitado éste por el dinero plástico y una amplia oferta crediticia.
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Según la revista Economía y Negocios, del falsario El Mercurio,[1] los chilenos que se creen de Clase Media (CM) alcanzan al 84% de la población –más o menos 14,2 de 17 millones de habitantes. Se anima el pasquín a ilustrar sus sofismas con algunas frases ad-hoc de los que presumen integrar esa fabulosa clase:

Soy de la clase media, porque debo trabajar bastante como para mantener una vida relativamente holgada sin grandes lujos”;

“Al tener estudios superiores hay más ventajas o facilidades de encontrar un trabajo mejor remunerado” y su diferencia con la clase alta es que “a veces, haciendo el mismo trabajo, su remuneración es mucho mayor, porque los contactos influyen mucho”;

“la gente pobre es ‘más sacrificada, le alcanza menos’ y los más ricos, ‘viven más desahogados’”.

Las cifras indicadas, y en realidad la crónica toda, deben ser miradas al contraluz del ideologismo que las motiva. El medio de los Edwards se esfuerza en dar crédito a la supuesta existencia de la CM, ubicada entre la poderosa aunque mínima burguesía y la cada vez más empobrecida aunque extensa clase trabajadora, lo cual vendría a diluir el extremo y creciente distanciamiento entre ambas, buscando mediante el conjuro de éste tercer sujeto una cierta estabilidad en la desigual formación y la promesa de que es posible el emprendimiento en los marcos de ella.

Clase Media Chilena, El Mito que nos Infundió el Bloque en el PoderLa revista de marras, se hace eco del pase de prestidigitación que efectúan las agencias publicitarias y encuestadoras (interesadas ambas en la suerte de los negocios de los de arriba, por cierto), que dicen clasificar a la CM según “subsegmentos: la clase media alta (C1), la media media (C2) y la clase media baja (C3). Y es habitual que (…) [se] sume el segmento C1 al AB, el ABC1, los de mayores ingresos”. Éstas divisiones están francamente basadas en unas artificiosas categorías de ingreso de grupos familiares, relacionándolos en forma directa con el nivel relativo de consumo y en dinero que esas familias alcanzarían, sin hacer mayor diferencia en cómo se las arreglan los ‘integrantes’ de esas familias, agrupadas a su vez en esas variedades de ‘clase media’, para alcanzar tal horizonte y tampoco hace sentido en cómo se distribuyen tales ingresos según tamaño de las familias. Con todo, la gracia está en que todos los interesados en envolarnos la perdiz nos quieren hacer pasaringreso/gasto por pertenencia a una clase (cabe destacar que en esto se asemejan a algunos marxistas vulgares).

El autor de la crónica es un copión y afirma que de los integrantes de la CM, “En cuanto a trabajos, la mayoría se desempeña en la construcción, el transporte y las comunicaciones (22,8% del total de trabajadores de la clase media se desempeña en empresas de estos rubros), y sólo un 11,2% trabaja vinculado de manera directa al Estado (sector público, administración y salud), según el estudio ‘Clase media en Chile, 1990- 2011: Algunas implicancias sociales y políticas’, de Emmanuelle Barozet y Jaime Fierro”.[2]

Con todo, igual debe reconocer que “Mirados desde los ingresos, hay tantas clases medias como criterios usados para medirla, advierten los expertos. Por ejemplo, si se considera en este segmento sólo a los grupos C2 y C3, éstos ganan entre $400 mil y $1,2 millones mensuales”.[3] Ahora bien, “Si la población se divide en quintiles (cinco grupos, suponiendo que al medio se ubica la clase media), los ingresos (para los quintiles 2,3 y 4) fluctúan entre $330 mil y $715 mil en hogares del Gran Santiago, según la encuesta del INE 2006- 2007. Los expertos consultados sitúan a la clase media hoy en cerca de los $500 mil y los $2 millones (considerando al segmento C1) mensuales por hogar”. Más abajo analizaremos la falsedad de estos dislates matemáticos y teóricos.

Asimismo, se comenta en la crónica que el consumo y las formas de éste asumidas por la fantasmal CM se han diversificado mucho en los últimos 20 años. Al contrario de lo que podría pensarse con los datos mencionados, allí se afirma que dicha “clase” no está especialmente endeudada (mayor nivel educacional, menor uso de las tarjetas de crédito que los más “pobres”). Sólo un 10% del segmento podría estar endeudado en forma vulnerable. Sus miembros tendrían como grandes valores el esfuerzo y la superación. Según algunos autores, políticamente los de CM preferirían la “estabilidad” y como no están definidos ni su contenido ni sus límites, los que se auto-identifican con tal clase van desde unos pobres a algunos ricos. “Cultural, subjetiva y masivamente, Chile se siente de clase media“, anota un solazado estudioso. En esa identificación pesaría, además, lo que se considera como políticamente correcto. El nivel educacional, por sí solo, tendría un gran peso en la tipificación. Finalmente, se asegura que habría diferencias sociales no sólo verticales, sino que también horizontales.

Si bien se puede criticar su afán de cohonestar la existencia de una supuesta CM, El Mercurio acierta cuando recuerda que son más de 4/5 de los chilenos que, sin tener razón para hacerlo, se identifican con tal clase, pero no nos dice que ello es reflejo de los efectos político-ideológicos del patrón acumulativo vigente, impuesto a punta de bayonetas en lo que fuera un exitoso arrase de las formas del pensamiento y de la acción populares hasta 1973, siendo estos drásticos cambios los que impidieron cualquier resistencia y que vaciaron de contenido y de propuestas al conjunto del pueblo y sus organizaciones, las cuales, otrora, recogían y canalizaban las aspiraciones sociales, materiales y políticas de las amplias masas. Además, debemos constatar la total metamorfosis de las formas del trabajo, una de cuyas aristas fue, directa e intencionadamente, acabar con las grandes organizaciones de trabajadores y, por extensión, con las de tipo social-político más de avanzada. Hoy por hoy, ser un trabajador manual volvió a ser mal visto, tal como lo era en el siglo XIX y el trabajador intelectual tiene que hacer méritos mediante un gran consumo para ser definido como partícipe de la CM. Más bien, todos los ciudadanos deben hacer enormes y constantes esfuerzos por acrecentar sus posesiones (para eso hay crédito y diversas formas de endeudamiento), pues en el camino del consumismo construirán su estatus de personas y lograrán alejarse del estigma de pertenecer a las “clases pobres”. En una palabra, gran parte de la población se considera como lo que no es; antes bien, se identifica con lo que aspiraría a ser y así dejar de ser lo que sea que es.

El otro importante medio de difusión de la ideología de los dueños de nuestro país, La Tercera, se vanagloriaba en 2013 de que los salarios de la supuesta CM son los que más crecen en el bienio.[4] Allí se recogen datos de una encuesta anterior sobre empleo de la U de Chile, los cuales indicarían que el sueldo promedio de quienes ganan de $243.000 a $400.000 había crecido un 31%, entre 2011 y 2013. Además, dicho estudio mostraría que la mitad de los trabajadores del Gran Santiago gana hasta $300.000 al mes. Sin embargo, estos ingresos no son ajustados en relación con el alza del costo de la vida real en el mismo período.

Lo que allí tampoco se dice es que, teniendo los hogares un promedio de 4 integrantes, resulta que esos $300 mil de cada trabajador se transforman en sólo $75.000 mensuales por cada componente del grupo familiar, que es casi igual a la cifra oficial bajo la cual se define como pobre a alguien enChile, la que alcanza los $72.098.[5] Ahora bien, como el estudio añade que el 60% de los trabajadores de la capital gana hasta $400.000, podemos extraer que cada uno de los integrantes de sus grupos familiares, integrantes a su vez de la supuesta CM, apenas perciben $28 mil por sobre el nivel que los colocaría bajo la línea de la pobreza. Todo esto, obviamente, desmiente la existencia de una supuesta ‘Clase Media’, a la que pertenecerían nada menos que el “84%” de la población.

Con lo dicho, creemos, queda claro la falsedad de lo anotado en el mismo artículo, cuando dice que: “’Si se define como clase media a quienes están bajo el 20% más rico y sobre el 20% más pobre, el percentil 40 se podría catalogar como clase media baja, aunque no existe una definición objetiva y consensuada’, explica Ricardo Paredes, director del Departamento de Ingeniería Industrial de la UC” (quien alega que el alza en estos sectores se puede atribuir a “un mayor acceso a la educación”, cuya calidad y ponderación son otro cuento), en circunstancias que el presunto y aparentemente ‘asombroso’ aumento de un 31% de los ingresos, se dio entre los trabajadores de los percentiles 40 a 60 (que ganan de $243 mil a $400 mil), en cuyos hogares se diluye tal aumento y sus integrantes quedan casi en la línea de la pobreza o un poco más arriba, tal cómo anotáramos más arriba. Es tan falaz esa afirmación, del autor del artículo, como las que endilgan allí mismo, sobre un supuesto relativo mejoramiento de los ingresos de los percentiles identificados con la CM, un “experto” de la UC y una vocera de Libertad y Desarrollo, todos sectores alineados con los dueños del capital. Eso sí, al final del escrito, se recuerda que no todo es tan bonito y “que la distribución de ingresos laborales totales se ha mantenido altamente desigual en los últimos dos años, lo que queda en evidencia al considerar la razón entre el ingreso promedio del percentil 90 y del percentil 10, que en mayo [de 2013] fue de 6,3 veces” y que “Los salarios son tan bajos que aunque las tasas de crecimiento sean altas, no hace mucha diferencia entre los grupos de mayores y menores ingresos”.

Aportemos, para ampliar la visión sobre la temática, que en EEUU se considera como pobre a un grupo familiar de 4 integrantes cuyo ingreso mensual no supere los $1.080.000 ($270 mil cada uno),[6]mientras que los hogares de clase media tendrían ingresos mensuales desde $US35 mil a US$100 mil ($19.460.000-$55.600.000).[7]

¤ Lo que nos relata el artículo “Clase media alta chilena será la mayor de Latinoamérica”,[8] es más fantástico aún, por cuanto se asegura en él que la CM alcanzaría al 60% de la población. Aunque se basan igualmente en datos de la encuesta Casen de la U de Chile anterior, señalan que para ser de “clase media” cada persona debe tener un ingreso de $250.000. En realidad, quieren decir que songrupos familiares con un ingreso superior a ese, puesto que si fuera $250 mil por cada uno, ese grupo familiar (con 4 integrantes promedio) tendría un ingreso de $1 millón, lo que no corresponde al 60% de la población, sino sólo sobre el percentil 90 (el 10% más rico de la población; o sea, sólo 1.700.000 personas).[9]

¤ En un sitio especializado en las desigualdades en Chile,[10] con datos de 2008, se aclara que para ser considerado de CM tiene que ver con ingresos y patrimonio, pero que igualmente implica un determinado nivel educacional, resultando así que “la clase media en Chile es minúscula. Según la Encuesta CASEN 2006, el 20% de los jefes de hogar tiene estudios superiores (completos e incompletos)”.

¤ En la crónica de El Mercurio, referida al comienzo y en varios artículos de los posteriores, se hace referencia a un trabajo de octubre de 2008, “¿De qué hablamos cuando decimos ‘clase media’? – Perspectivas sobre el caso chileno”.[11] En este escrito (cosa que ni menciona El Mercurio), sus autores reconocen que Chile tiene una de las desigualdades más altas del mundo, pero, paradójicamente, agregan que entre el 60 y 80% de la población se considera de CM (basado en otro estudio, ya antiguo, de 2004). Anotan sus autores, correctamente, que “ésta combinación de alta desigualdad junto a una masiva auto-identificación con la clase media sea uno de los hechos más interesantes respecto de la sociedad chilena actual”.

A continuación, describen la diferente visión que se tenía de la CM durante el siglo pasado. Después, aportan definiciones y conceptos para el correcto abordaje de la problemática. Recuerdan que no es fácil clasificar las clases sociales. Hablan sobre sus cambios y aportes a través de nuestra historia.

Algo central, son sus aportes para desmentir la existencia de una supuesta CM, recalcando que cuando se habla de ingresos (y por ende, de capacidad de consumo) no se define un grupo, sino que una categoría de hogares o personas con ingresos similares. Muestran la dificultad en determinar dónde está el centro de los ingresos del país, y en este punto nos dicen que: “El bajo peso de la clase media en Chile es el reflejo de una distribución altamente desigual del ingreso”.

Desde el marketing, señalan que se podría definir la CM según la capacidad de consumo. Pero, a continuación, agregan que el uso de ese parámetro obliga a establecer cortes rígidos e iguales para varios países. De allí provienen las famosas categorías de ABC1, C2, C3, D y E.

Recuerdan que también se ha utilizado la variable ocupacional para definir las clases y, dentro de ellas, a la CM. Sin embargo, aquí los autores obvian la precarización y la pauperización operadas sobre las condiciones laborales en Chile en las últimas décadas, estableciendo una separación no muy clara entre trabajadores ‘pobres’ y de ’clase media’ sólo por su tipo de contrato.

Apelan también al nivel educacional para definir a las CM, en relación a ingreso per cápita. Claro que recuerdan que en Chile existe una discusión sobre el efecto real de la educación sobre el estatus ocupacional. Constatan que existe aquí una clara segmentación del “mercado” educacional, pero que igual se puede decir que el nivel de estudios viene relacionado con el estrato social alcanzado por los sujetos de estudio.

Finalmente, metodologías para estratificar los ingresos basados en enfoques absolutos, de montos de ingresos rígidos, no son adecuadas para señalar ninguna estratificación de clases. Antes bien, para definir estratos con características socio-económicas similares (que no Clases Sociales en el sentido clásico) se deben agregar indicadores que recojan la calidad de vida en las diversas dimensiones que conforman la vida social de los ciudadanos (educación, salud, diversión, empleo y seguridad social, etc.). Una metodología multidimensional, aunque muy acotada, era la que había propuesto la Comisión para la Medición de la Pobreza del gobierno pasado,[12] la cual, aplicada a los datos de la Encuesta Casen 2011, arrojaba que más del 20% de los hogares chilenos tienen un 35% de carencias en salud, educación, empleo y vivienda. Por si fuera poco, sólo considerando la aplicación de la incompleta metodología propuesta, la línea de pobreza en Chile debiera ser de $392.104, con lo que más de la mitad de los hogares del área metropolitana debieran ser considerados como pobres, y luego agregan que presentan vulnerabilidad aquellas que se sitúen por debajo de los $588.156; es decir, serían vulnerables más del 60% de los hogares de la región más habitada de Chile.[13] Con todo lo anterior, es fácil desmentir el absurdo 84% tantas veces mentado acá.

CONCLUSIONES:

1: Lo de fondo en nuestra formación económico social, es una aguda y creciente desigualdad en la distribución del ingreso, expresión dialéctica de la sobreexplotación a la que se ven sometidos los trabajadores y la inmensa mayoría de la población, donde los que ganan más lo hacen varias veces por sobre los que ganan menos y, como lo aseguran estudios serios, los primeros lo hacen a expensas de los segundos.[14] Con ello, creemos, se reduce a cenizas la existencia de una quimérica “Clase Media”;

2: La “Clase Media” en Chile sólo existe en términos de cifras brutas, teóricas, desarraigadas de la realidad social y económica. Su carácter de entelequia disociada de la realidad, permite explicar la existencia de una amplia variedad de parámetros, cifras, criterios y puntos de corte que sólo buscan infundir vida a la criatura, pero en una operación meramente matemática y abstracta;

3: La fábula de esa supuesta CM, en un ascendente crecimiento, sirve muy bien a los intereses de la mínima porción de dueños del país, que con ello crean una especie de colchón entre ellos y la gran mayoría empobrecida, aspirando así a dar cierta estabilidad a nuestra crecientemente inequitativa formación, a la vez que a infundir en el grueso de la población la idea de que es posible “emprender y salir adelante”;

4: No son lo mismo agrupaciones poblacionales segmentadas según rangos arbitrarios de ingresos, que más bien sirven para alentar el consumismo y el arribismo, que clases sociales;

5: De manera muy preocupante, alrededor del 80% de la población SE CREE de CM. Sin embargo, sólo considerando a Santiago, el 60% de los trabajadores y sus grupos familiares se encuentran viviendo con un dinero que es apenas mayor al de la línea de la pobreza. Ello es tanto más agudo en las demás regiones del país;

6: Si no existiese la actual apropiación, extrema, por parte de unos pocos de la mayor parte del ingreso nacional; es decir, si fuéramos un país más democrático en lo económico, el mejor parámetro para evaluar la existencia de una distribución equitativa de la riqueza sería lo que sucede respecto del PIB per cápita. En tal caso, resulta que éste alcanza los $789.375[15] mensuales y si, por ejemplo, hablamos de un grupo familiar de cuatro personas, debería recibir un ingreso mensual algo por encima y algo por debajo de los $3.157.500. Sin embargo, con ese monto la Casen lo ubicaría en el último y plenamente millonario decil, considerado el de mayores ingresos de la población, lo que obviamente no ocurre y lo que hace decir a los estudiosos del capitalismo que ello sería “una enorme distorsión con la realidad”. Claro, aquella que los dueños del país nos han impuesto.

7: Si hasta el fundador de América Solidaria y que no podemos identificar como de izquierda, Benito Baranda, dijo que: “esas personas [los de la supuesta clase media] son de clase baja, ascendente, pero son de clase baja“.[16]

8: Si fuese menester categorizar grupos poblacionales, sería mejor hacerlo en torno a un conjunto de variables que reflejen un cierto estándar de vida comparable con formaciones desarrolladas. Lo que se hace en la actualidad, de medición de ingresos calculados en forma absoluta, de montos de ingreso rígidos o conforme al costo de una canasta siempre reducida de bienes esenciales, sólo sirve a los intereses de los dueños del país y para introducir la ideología de los de arriba en el seno del pueblo.

En pocas palabras: en Chile existe hoy una inmensa mayoría de asalariados con sueldos cada vez más mezquinos y una ínfima minoría que acumula, en brazos del modelo económico-social que nos fuera impuesto hace 4 décadas, crecientes y exuberantes ganancias. Tal situación no puede continuar, debemos doblegar los esfuerzos por vencer a la tiranía del gran capital monopólico-financiero y por construir una sociedad mejor.


[1] “¿Qué significa ser de clase media hoy en Chile?”, edición del 26/08/12; en:http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=99870

[2] Estudio realizado para la Fundación Konrad Adenauer, de orientación democristiana; en:http://www.kas.de/wf/doc/kas_29603-1522-4-30.pdf?111202200649

[3] Según estudio de la agencia ADIMARK, con datos del censo de 2002.

[4] “Salarios de la clase media son los que más crecen en los últimos dos años”, edición del 05/08/13; en: http://www.latercera.com/noticia/negocios/2013/08/655-536310-9-salarios-de-la-clase-media-son-los-que-mas-crecen-en-los-ultimos-dos-anos.shtml

[5] Confrontar la misma La Tercera en: http://www.latercera.com/noticia/negocios/2014/02/655-565602-9-carencias-y-vulnerabilidad-las-otras-formas-de-medir-la-pobreza-en-chile.shtml Cabe recordar que dicha cifra equivale a dos canastas básicas (el de una corresponde a la línea de la indigencia), cuyo valor unitario se definió hace 25 años y que no ha sido actualizada.

[6] Ídem.

[7] Thompson, William; Hickey, Joseph, “Society in Focus”. Boston, MA: Pearson; 2005. Precio del dólar igual a $556, 08/05/14.

[8] “Clase media alta chilena será la mayor de Latinoamérica”, 07/03/13; en:http://noticias.universia.cl/en-portada/noticia/2013/03/07/1009408/clase-media-alta-chilena-sera-latinoamerica.html

[12] “Carencias y vulnerabilidad: las otras formas de medir la pobreza en Chile”, Negocios, 16/02/14; en: http://www.latercera.com/noticia/negocios/2014/02/655-565602-9-carencias-y-vulnerabilidad-las-otras-formas-de-medir-la-pobreza-en-chile.shtml

[13] Ídem.

[14] El 1% más rico se lleva el 31,1% del ingreso. En Suecia, por ejemplo, el 1% más rico se lleva sólo el 9%. Confrontar en: http://www.biobiochile.cl/2014/01/02/economista-fundacion-sol-los-niveles-de-desigualdad-en-chile-sobrepasan-toda-metrica.shtml

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