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[Geopolítica internacional] Crónica de Ruperto Concha: Ucrania y Venezuela

Escrito por Ruperto Concha (resumen.cl)   
Domingo, 02 de Marzo de 2014 

[Formato audio, sino le gusta leer mucho]:

PARTE 1

PARTE 2

[Formato escrito]:

El domingo pasado, analizamos las situaciones que estaban dándose en Ucrania y en Venezuela, y lo que dedujimos de nuestro análisis se cumplió, al pie de la letra, y en un tiempo récord de 7 días.

En Ucrania, el país se encuentra ya escindido en dos zonas: una, al oriente y al sur, rechaza categóricamente al gobierno golpista, defiende la mantención de lazos económicos y la integración con Rusia, y el recién electo primer ministro de Crimea, Sergei Axiónov, convocó oficialmente a la ciudadanía  a un plebiscito que se realizará el 30 de marzo, y en el que se decidirá incrementar la autonomía de la República de Crimea, y ejercer su propio gobierno hasta que Ucrania resuelta la crisis constitucional y elija un gobierno legítimo.

Una abrumadora mayoría de los congresistas de Crimea emitió una resolución en que desconoce el gobierno que se apoderó del poder central en Kiev, y resolvió desconocer cualquier intento de imponer medidas de fuerza o designar autoridades que no hayan sido elegidas por los propios ciudadanos de la región.

En la otra zona, norte y occidente, los congresistas que destituyeron al presidente Yanukovich han costureado un Ejecutivo, con asesoría de  políticos europeos y estadounidenses, y hasta ahora sólo han emitido algunos decretos autoritarios, como suprimir al cuerpo de policías que habían actuado reprimiendo la violencia y las tomas de edificios.

De hecho, funcionarios del nuevo gobierno subieron orgullosamente a Internet fotografías en que se muestra a los policías arrodillados y suplicando perdón. Por supuesto la mayoría de los miembros de las fuerzas armadas que no se plegaron a los rebeldes, ahora se ha retirado hacia las zonas del oriente y sur, fuera del alcance de Kiev.

Otro decreto importante del nuevo gobierno fue eliminar el idioma ruso y los idiomas de las minorías étnicas, que hasta ahora estaban autorizados constitucionalmente.

Esta medida, específicamente, fue el detonante para la reacción, sobre todo en la República Autónoma de Crimea,  donde el 65% de la población habla ruso.

Ya el lunes, en Kiev tenían claro que la república de Crimea y las provincias del oriente habían declarado ilegal y anticonstitucional al gobierno autoimpuesto, y con ello aparecía en entredicho la legitimidad de éste y se perfilaba el estallido de una guerra civil.

Fue entonces que el líder ultranacionalista OlehTyhanibok, no se sabe si autorizado o no por el resto del equipo de gobierno, tomó la decisión de dar un golpe de mano imprevisto, rápido y decisivo, sobre Crimea, aplicando la misma táctica de la Plaza Maidán.

Apoderarse a viva fuerza de los edificios de gobierno, creando un hecho consumado ante el cual los ciudadanos quedarían en calidad de populacho insurrecto e incapaz de ejercer su autogobierno.

Pero la operación resultó un fracaso, pues los comandos encargados de tomarse los edificios del Parlamento y el Gobierno regional, se encontraron con una inesperada resistencia de brigadistas voluntarios. Hubo intercambio de disparos en que los atacantes fueron derrotados, y varios de ellos se encuentran prisioneros.

A partir de ese enfrentamiento, el gobierno interino de Crimea formuló oficialmente la solicitud al gobierno ruso de prestarles apoyo y protección.

El resto es bien conocido. El presidente Putin solicitó al Congreso de Rusia autorización para enviar tropas a Crimea, lo que le fue de inmediato concedido en forma unánime, incluso con los votos de la oposición.

En estos momentos, una fuerza militar rusa se sumó a la guarnición de la Base Naval de Sebastopol, y se ha desplegado en puntos tácticamente decisivos para evitar cualquier ataque.

Es obvio que Rusia no tiene intención de ocupar militarmente Crimea, sino de proteger a la población de la explícita amenaza de parte del gobierno de Kiev.

Pero sin duda, las fuerzas rusas proporcionarán toda la asistencia necesaria al gobierno, a las fuerzas armadas locales y a las brigadas voluntarias de autodefensa de Crimea, así como auxilio humanitario para satisfacer las necesidades básicas de la población.

Igualmente, bajo normas confiables de seguridad, a partir de mañana se reanudará el trabajo en las industrias y las demás actividades normales de la República Autónoma de Crimea.

Ayer, a eso de las siete de la tarde, el presidente de Estados Unidos Barak Obama llamó por teléfono a su colega Wladimir Putin. Según la prensa occidental Obama “notificó” a Putin de que su gobierno estaba transgrediendo el derecho internacional, y que las potencias occidentales actuarán resueltamente en defensa del gobierno de  Kiev.

Por supuesto, Obama no notificó de nada al presidente Putin. De hecho sostuvieron una conversación telefónica de 90 minutos, al final de la cual Putin le reiteró que: Pimero, no se propone anexar Crimea ni ningún territorio de Ucrania.

Segundo, que no tolerará que el gobierno provisional de Kiev amague los intereses legítimos de Rusia. Tercero, que el actual gobierno de Kiev no tiene más que atribuciones provisorias, mientras no haya elecciones libres de nuevas autoridades.

Y, cuarto, que no aceptará que ningún otro país intervenga en contra de la voluntad soberana del pueblo de Crimea.

Es decir, si en su plebiscito del 30 de marzo el pueblo de Crimea decide reducir su dependencia del gobierno de Kiev, y establecer su propia administración como República Autónoma, bueno, Rusia aceptará la voluntad de los ciudadanos y les seguirá proporcionando ayuda y protección ante cualquiera amenaza bélica.

También ayer sábado, Putin estableció esos mismos puntos ante el presidente de Francia, François Holland, y ante el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon.

Pocas horas después el gobierno de Kiev decretó estado de alerta general, y emitió un fiero comunicado a Moscú, amenazándolo con la guerra. Y, peor aún, con poner fin a las relaciones entre Ucrania y Rusia. El presidente designado en Kiev, Arseny Yatseniuk, se comunicó por teléfono con el primer ministro ruso Dmitri Medvedev, quien al parecer no se mostró atemorizado.

Así, pues, en estos momentos Estados Unidos y la OTAN están buscando alguna manera de salvar la cara ante Rusia, aplicándole algún tipo de sanciones. Y por cierto Rusia ha analizado y sigue analizando lo que se acerca.

Pero lo que está fuera de cualquier análisis es la realidad de que a Estados Unidos y la OTAN ya se les hizo humo aquella fantasía deliciosa de tener en sus manos a un gobierno títere en Ucrania, que en muy corto plazo obligara a Rusia a abandonar su base naval de Crimea, que alberga el 70% de toda la flota de guerra rusa con acceso directo al mar Mediterráneo y, por supuesto, a su base naval de Tartus,  en la costa de Siria.

¿Se da cuenta Ud.?… Estaban soñando con una jugada maestra que dejaría a Siria y el Líbano a merced de quien quisiera atacarlos, incluyendo un posible bombardeo aéreo masivo, que es una posibilidad ya mencionada por el mismo Washington.

Ahora, Rusia tiene fuertemente asegurada su base de Crimea hasta más allá de 2040, y sin duda alguna con la ayuda de Rusia, la gente de Crimea podrá disfrutar alegremente de su nueva independencia.

En tanto, ya el gobierno de Kiev anunció que sus cuentas fiscales quedaron en cero, y que si no reciben un auxilio inmediato, ya no podrán ni siquiera pagar los sueldos a los empleados públicos. Estados Unidos anunció que por ahora sólo les proporcionará mil millones de dólares, suma que todos consideran irrisoria.

El ministro de economía dice que Ucrania necesita un salvavidas de 35 mil millones de dólares, para no caer en default, pero el Fondo Monetario Internacional responde que no aceptan presiones, que las cifras tendrán que ser evaluadas técnicamente, y que por ahora no hay esperanzas de dinero rápido.

A todo esto, la prensa corporativa occidental cayó en una euforia de sentimentalismos, supuestos heroísmos, e historias terroríficas. Incluso la tan sesuda revista Time publicó esta semana un extenso artículo sobre una supuesta invasión de motociclistas diabólicos, de una banda de amigotes del presidente Putin, que habrán entrado a Ucrania para sembrar el terror.

Por supuesto, el artículo no entrega prueba alguna confiable sobre esos motociclistas perversos, ni tampoco explica por qué, ni para qué, el presidente Putin les podría haber encargado esa misión macabra.

Otra especie noticiosa rarísima fue publicada por los diarios Haaretz y Jerusalem Times, de Israel. Según esos artículos, las temibles y poderosas fuerzas de choque de los ultranacionalistas neonazis de Svoboda, que hoy constituyen el grueso de las fuerzas del gobierno, contarían con los servicios, posiblemente mercenarios, de ex miembros del ejército israelí, encabezados por un oficial de rango medio conocido sólo por su seudónimo “Delta”.

Por supuesto ha causado asombro la posibilidad de que efectivos israelíes estén colaborando con una organización neonazi que ya ha llevado a que la propia embajada de Israel recomiende a la comunidad judía hacer abandono del país.

Bueno. En realidad, en estos últimos tiempos, el valioso y temerario trabajo de los periodistas se ha visto enturbiado y adulterado por intereses puramente propagandísticos, que a menudo no vacilan en estafar a la opinión pública con seudo noticias adulteradas, escritas torcidamente, o incluso, a veces, simplemente inventadas.

Por cierto, la aventura ucraniana ha sido desastrosa para Estados Unidos y la OTAN. Vienen tiempos de discursos amenazantes y maniobras agresivas, así como hacen los gatos cuando se lanzan mutuamente fieros maullidos de advertencia e insulto porque en realidad no tienen ganas de agarrarse a zarpazos.

De una u otra forma hallarán manera de salvar la cara, para no quedar tan mal parados ante los desafíos más serios que tienen ante sí. Por lo pronto, Irán, China, Rusia y la India, entre otros, tienen bien claro que Estados Unidos podría lanzar un ataque en gran escala contra Irán.

Y si no lo hace, es porque aquel ataque provocaría una secuela posiblemente imparable de enfrentamientos cada vez mayores.

Sin duda algún Estados Unidos está debilitado no sólo militarmente, sino en su capacidad de movilización económico social para una gran guerra generalizada.

El convulso frente militar y político del Oriente Medio aparece prácticamente perdido para Washington. De hecho, en Afganistán, ya Barak Obama está casi rogando que le permitan mantener una fuerza militar de siquiera 3 mil hombres en una sola base militar, tras retirarse este año junto con las demás tropas de la OTAN.

Pakistán, por su parte, ya hizo las paces con los talibanes y se reanudaron las conversaciones de paz. Pero, al mismo tiempo, Pakistán está en negociaciones semi secretas con Arabia Saudita, en principio para vender cohetes antiaéreos que serían contrabandeados a los rebeldes sirios… pero, que se sospecha, apuntan también a traspasar a Arabia Saudita un arsenal atómico.

En Asia, Estados Unidos está también ahora tratando de calmar los ánimos, atemorizado sobre todo por la posibilidad de que Japón se le desmadre creando una situación incontrolable, en momentos en que China, por ejemplo, acaba de probar con éxito su nuevo avión de combate de 5ª generación, equivalente al F35, que en estos momentos Estados Unidos ha tenido que descontinuar por sus fallas sucesivas.

Y en momentos en que a Washington se le enreda toda la madeja, se encuentra súbitamente con que aquí, en América Latina, ya no tiene una masa de adoradores obedientes y siempre disponibles. Si alguna duda le quedaba,  en enero último la última Cumbre del CELAC la Comunidad de Estados de LatinoAmérica y el Caribe, realizada en Cuba, constituyó una primera base eficaz para crear una< fuerza regional fuera del alcance de Estados Unidos y Canadá.

De hecho, se subentendió que CELAC no sólo terminaría desplazando a la OEA, último instrumento regional de Estados Unidos, sino que pondría en discusión la mantención de bases militares estadounidenses en nuestra región.

Para Estados Unidos, perder la OEA como instrumento suyo, constituiría un gravísimo factor debilitante. De hecho, ya China ha desplazado a Estados Unidos como principal socio económico de América Latina, y sus inversiones siguen aumentando, incluso con el proyecto de construcción del segundo Canal interoceánico en Nicaragua, y la combinación de ferrocarril y puerto mecanizado uniendo a Brasil con Perú, pasando por Bolivia, para incorporar la producción del Atlántico sudamericano con la Cuenca del Asia-Pacífico.

Por supuesto, ese vigoroso fenómeno de regionalización latinoamericana sólo ha sido posible por el liderazgo de tres potentes países: Argentina, Brasil y Venezuela.

Sobreponiéndose a los efectos de la crisis mundial del neoliberalismo, esos tres países, sobre todo con el liderazgo de Venezuela, ya lograron consolidar, primero, los organismos menores como el Mercosur, la Unasur y el Alba, y luego la CELAC.

Sin Venezuela, el movimiento regionalista podría derrumbarse, y sus países miembros quedarían debilitados para enfrentar las presiones de las transnacionales.

En esa perspectiva, Venezuela pasó a ser el principal enemigo de la supremacía de Washington en nuestro continente. Y ha sido por eso que los gobiernos de George Bush y de Barak Obama han transferido millones y millones de dólares, año tras año, tratando de desestabilizar el gobierno Bolivariano de Venezuela.

Según documentos auténticos e irrefutables, las protestas contra el gobierno de  Nicolás Maduro fueron planificadas, financiadas y organizadas hace más de dos años en Ciudad de México, con participación del actual dirigente opositor Leopoldo López y el célebre operador de la CIA Otto Reich.

Por supuesto, la operación se basó en situaciones reales, fallas y fracasos del gobierno venezolano, débil recuperación económica, inflación, desabastecimiento de productos básicos, agravado por el acaparamiento…

Pero, frente a ello, con innegables beneficios para la gente, incluyendo educación y salud gratuita, y vastos programas de viviendas. Fuera de eso, la inminente puesta en explotación de nuevos yacimientos petroleros, en joint ventures con Rusia, que aumentarán la producción en un estimado de 1.500 toneladas diarias de petróleo.

Es decir, la situación económica de Venezuela está en vías de recuperación y para ello es preciso que todas las fuerzas vivas de la nación participen en un diálogo abierto.

Eso lo planteó claramente el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, al respaldar la iniciativa del presidente venezolano Nicolás Maduro, de entablar conversaciones amplias y públicas con todos los sectores de la sociedad venezolana, no sólo los partidos políticos.

Así, pues, la crisis venezolana se está diluyendo, y también se diluyó otro sueño delicioso de Washington: el sueño de arrinconar a Venezuela, o de someterla a una intervención internacional, como deseaba el Secretario de Estado John Kerry

Y por fortuna, Chile no pasará el trance de participar en una intervención como deseaba el senador republicano John McCain, quien quería una fuerza interventora conducida y financiada por Estados Unidos, pero materializada por interventores de Chile, Perú y Colombia.

José Miguel Insulza fue categórico al decir: Mientras yo sea Secretario General de la OEA, no habrá intervención en Venezuela.

Fuente: http://resumen.cl/

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