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[Chile] Debate | Comunicado: Tareas del Anarquismo social chileno. Lo “libertario” como espacio de disputa.

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Estamos lejos de desconocer la importancia de las libertades políticas. Pero las libertades Políticas no se obtienen sino cuando el pueblo se muestra decidido a conseguirlas; ni, una vez Obtenidas, duran y tienen valor sino cuando los gobiernos sienten que el pueblo no soportaría la Supresión de las mismas.

Acostumbrar al pueblo a delegar en otros la conquista y la defensa de sus derechos, es el modo más seguro de dejar vía libre al arbitrio de los gobernantes.

(Malatesta)

Pero la verdadera alternativa socialista está ahí, no es una elaboración por fuera de las experiencias históricas, y con sus errores y aciertos, es el producto auténtico que comprende las ansias de justicia y libertad de los pueblos. Sería importante comenzar a replantearse una crítica más rigurosa, sobre aquellas cosas que han hecho naufragar la alternativa de estructurar una sociedad sobre bases distintas a las miserables que sostienen a este sistema.

(Federación Anarquista Uruguaya)

Hasta hace algún tiempo atrás y luego de 14 años de construcción de anarquismo social en la región chilena, se veía con bastante alegría la gran simpatía que estaban teniendo las ideas libertarias al interior de sectores del movimiento popular, de hecho ya se podía hablar de la existencia de un movimiento libertario compuesto por militantes del ámbito sindical, estudiantil y poblacional, los cuales gozaban de cierta manera de elementos estratégicos y tácticos más menos comunes, a lo cual le podemos sumar una matriz político-cultural común. Las movilizaciones del 2011 contribuyeron a nivel subjetivo que el proyecto libertario permearan de manera mucho más profunda a muchos de los protagonistas de aquellas jornadas de lucha.

Al mismo tiempo este movimiento libertario en rápido desarrollo entendía de manera acertada que era necesaria la contribución a la construcción de un polo revolucionario al interior de la izquierda, lo cual se plasmó en la acción conjunta con otras experiencias políticas al interior de organizaciones como las federaciones estudiantiles y la CONFECH, el Congreso por un nuevo sindicalismo y de manera embrionaria en algunas asambleas territoriales y coordinadoras que lograron sobrevivir luego de la coyuntura del 2011. Durante los últimos años este fue un avance significativo para los anarquistas ya que permitió una acumulación de fuerzas favorables, saliendo del estado de “organizaciones satélites” y asumiendo la responsabilidad de depositar al interior del movimiento popular una serie de experiencias y reflexiones propias del programa libertario que se había venido construyendo. Esta claridad ha hecho que nuestras prácticas ya no giran frente al rechazo extremo de cualquier iniciativa que no provenga de nosotros y al mismo tiempo, nos ha permitido no seguir siendo vagón de cola de nadie, en especial de la izquierda autoritaria.

Fue así como hasta hace unos meses atrás teníamos un movimiento libertario en donde convivían en su interior diferentes expresiones ideológicas del movimiento popular, pero que tenían ciertos elementos comunes como la construcción de organizaciones desde abajo y por fuera del Estado, potenciando en todo momento el protagonismo de los sujetos y la democracia interna, teniendo a nivel estratégico la claridad que la tarea era la construcción de poder popular con autonomía de clase y fomentando la acción directa como principal herramienta política de transformación social. Sin embargo la aparición de Red Libertaria como parte del movimiento “todos a la moneda” que levanta la candidatura presidencial de Marcel Claude y el reciente guiño “desmarcado” del Frente de estudiantes libertarios a esta iniciativa, no han hecho más que iniciar una fractura al interior de los libertarios, en donde al parecer las posiciones reformistas y autoritarias han logrado hegemonizar parte de la militancia, a lo cual los anarquistas no hemos hecho más que asistir como pasivos espectadores. Sera acaso que el movimiento libertario chileno que en un momento determinado estuvo profundamente marcado por la línea histórica del anarquismo criollo y latinoamericano, ha decantado en un pragmatismo tal que se acepta como acertada la idea de implementar una línea política que complemente la lucha institucional por arriba y la acción directa de masas por debajo. Sera que la apuesta por la “ruptura democrática” como manera de avanzar hacia un proyecto popular de mayorías, muy en la lógica del proyecto bolivariano y la izquierda abertzale, es la apuesta de los libertarios a largo plazo. Podemos decir, entonces, que aún existe un solo proyecto histórico al interior del movimiento libertario o será que al parecer estamos frente a una separación de aguas, en donde empiezan a convivir dos proyectos bastante diferenciados por lo menos en este momento en sus aspectos tácticos, pero que también empiezan a mostrar rasgos de diferencias estratégicas profundas.

Frente a este diagnóstico los anarquistas tenemos dos opciones: Por un lado desmarcarnos de “lo libertario”, suponiendo que el avance de las posiciones reformistas es demasiado profundo para poder sobrellevarlo, o entender el ámbito de “lo libertario” como un espacio de disputa, intentando retomar la carga histórica del concepto ligado indiscutiblemente a las practicas e ideas anarquistas. A mi entender es el momento de encontrarnos y levantar una corriente de opinión que dispute esta construcción de más de una década en donde los anarco-comunistas hemos sido quizás más importantes que otros sectores al interior de los libertarios.

En lo inmediato, nuestro silencio otorga, pero salir a criticar y quedarnos solo en eso también es un error. Una primera gran tarea es superar las debilidades políticas del anarquismo, ya decía el grupo “Dielo Trouda” luego de la revolución rusa:

“Hemos adquirido el hábito de culpar del fracaso del movimiento anarquista en Rusia entre 1917-1919, a la represión estatal del Partido Bolchevique. Lo cual es un grave error. La represión Bolchevique dificultó la expansión del movimiento anarquista durante la revolución, pero fue sólo uno de los obstáculos. Más bien, fue la inefectividad interna del propio movimiento anarquista una de las principales causas de este fracaso, una inefectividad emanada de la vaguedad y de la indecisión que caracterizaron a sus principales posiciones políticas respecto a organización y tácticas.”

Debemos ser capaces de reconocer que la responsabilidad en primer lugar es nuestra. Hay que ser capaces de aprender las lecciones que a nosotros nos tocan para poder avanzar. Es necesario volver a posicionar al interior de nuestras organizaciones la idea de que lo principal es el protagonismo de las bases, la construcción desde abajo, pero por sobre todo la autonomía de clases y la acción directa de masas. Para poder debatir con el resto de los libertarios debemos comenzar por clarificar nuestro propio programa, nuestras propuestas de construcción y al mismo tiempo, promover mecanismos que garanticen la democracia en nuestras estructuras organizativas. Una discusión horizontal en todos los espacios de construcción libertaria, permitirá sortear de la mejor manera el difícil momento que estamos viviendo.

Una segunda tarea pasa por volver a redefinir nuestra política de alianzas, no desde el punto de vista de con que organizaciones pretendemos construir una alternativa revolucionaria, sino más bien, definir que posiciones políticas van a primar en nuestros relacionamientos y desde que ámbito deben realizarse. Es por esto que nuestra unidad con los sectores revolucionarios es “desde abajo y en la lucha”, desligándonos de cualquier alianza por arriba con fines institucionales, que al parecer es la opción tomada por algunos libertarios al confluir en “todos a la moneda”. Este posicionamiento desde abajo, prioriza la coordinación en espacios concretos en donde efectivamente, nuestros respectivos militantes confluyan (espacios sociales y político-sociales) y, siempre y cuando, compartamos ciertos objetivos mínimos. Y es en la lucha, pues creemos que es la práctica concreta la cual sirve para clarificar objetivos y posiciones correctas, en vez del solo debate de aparatos políticos. De esta manera es posible la construcción de un polo libertario al interior de los sectores populares que impulse un proyecto social desde abajo lo más libertario posible y que sea capaz de abolir el Estado de manera revolucionaria.

Una tercera tarea relacionada con las anteriores es definir una postura clara del porque nos oponemos a la participación de los libertarios en el actual proceso electoral y esto tiene plena relación con nuestra estrategia de construcción desde abajo y por fuera del Estado. En palabras de Felipe Correa: “Cualquier transformación social del capitalismo, como en el caso de aquella preconizada por Bakunin, que defendía el socialismo, solo podría ser realizada fuera de las instancias del Estado, (…) Sería una organización del conjunto de las clases dominadas que, a partir de sus propios organismos económicos y políticos ─sindicatos, movimientos sociales, etc.─ deben llevar a cabo tanto la lucha por la transformación como la estructuración de una nueva sociedad que no se pautase en un poder dominador, si en un poder autogestionario, acabando con la dominación de manera general”. Al mismo tiempo hay que dejar bastante claro que aunque victorias de corto plazo pudiesen ser conquistados, tanto en la esfera económica (mejores salarios, menos horas de trabajo) como en la política (mayores libertades y derechos civiles), ellos deberían ser solamente un medio para un proceso más amplio de transformación, capaz de forjar un poder autogestionario que suprimiría el capitalismo, y el Estado forjando una nueva estructura de poder territorial y comunitario.

Es aquí donde los anarquistas quedamos al debe frente a ofrecer claridad en el proceso de transformación social revolucionaria. Son nuestros objetivos políticos los que tenemos que depurar, más allá de lo que dice la doctrina. Este análisis permite reflexiones sobre diferentes estrategias para el cambio o la transformación social. En cualquier estrategia, son los objetivos los que condicionan las acciones, o sea, los objetivos estratégicos implican una estrategia coherente que se desdoble en tácticas apropiadas; las tácticas deben apuntar hacia la estrategia y esta hacia el objetivo estratégico. Esta cuestión es fundamental, pues si el objetivo estratégico es realizar ajustes dentro de un mismo modelo de poder, algunas formas de participación política funcionarían más que otras; si el objetivo es la transformación del modelo de las relaciones de poder a nivel macro-social, otras formas de participación política serán más adecuadas. Es en este punto en donde existen las principales diferencias entre ambos proyectos que conviven al interior del movimiento libertario. Pensamos que a nivel estratégico las acciones dentro del Estado pueden promover el cambio social, pero no la transformación social, que implicaría cambios en el sistema y no en el modelo de poder vigente. Eso no significa que todas las medidas de corto plazo favorezcan el actual sistema de dominación y tiendan a fortalecer el modelo de poder dominador. Por ejemplo, estamos de acuerdo que en el escenario actual, Chile necesita una serie de reformas democráticas las cuales deben ser impulsada por el conjunto del movimiento popular, con el objetivo de socavar los cimientos del modelo neoliberal.

Como esbozo de un objetivo estratégico para los anarquistas y para aquellos que dentro del movimiento libertario se identifican con esta línea de construcción, sería el fortalecimiento del incipiente movimiento social popular que se está desarrollando con el inicio del ciclo de luchas 2006-2011 la tarea a realizar. Los movimientos sociales son, históricamente, espacios de articulación de las clases dominadas para actuar en su propio favor. Si, por un lado, las medidas de corto plazo que parten del Estado tienden a reforzar su legitimidad y, por lo tanto, el sistema del cual el constituye parte esencial, las conquistas de corto plazo provenientes de la lucha de clases llevada a cabo por los movimientos sociales pueden servir para fortalecer un proyecto de poder distinto, que se contraponga al modelo vigente. Modificar el modelo de poder de la sociedad llevando el eje de la participación al límite de la autogestión constituye un objetivo estratégico ambicioso. Substituir al sistema de dominación por un sistema de autogestión exige, en coherencia con ese objetivo estratégico, estrategias y tácticas que apunten para ese camino. Tácticas y estrategias que fortalezcan las relaciones de dominación no pueden apuntar a objetivos pautados en la autogestión. Los movimientos sociales pueden constituir espacios privilegiados para la transformación social (revolucionaria), pero sus estrategias y tácticas han de estar ajustadas para tales objetivos. (Correa, 2007)

Las transformaciones sociales solo se pueden dar a partir de las construcciones cotidianas, de los niveles más básicos de la sociedad, es por esto que una buena perspectiva es el control comunitario. La organización autogestionaria de los movimientos sociales populares, bajo una perspectiva de gestión de los asuntos primordiales para la vida de la organización y para el control del territorio se torna, por lo tanto, en un medio fundamental, para que se construya un modelo de poder autogestionario. Las victorias a corto plazo, como las reformas democráticas sentidas por el país son fundamentales para la acumulación de fuerza de las clases dominadas. Sin embargo no se puede perder el objetivo estratégico de construcción de poder popular con autonomía de clases, que pueda cimentar las bases de la autogestión e impulsar un proceso de transformación social amplio por medio de conquistas concretas en las distintas esferas (mejora de condiciones económicas, mayor participación política etc.) y de la construcción subjetiva de una nueva matriz ideológica cultural para los sectores populares.

Ese proyecto de largo plazo exige una superación, dentro de los movimientos sociales, de las posiciones esencialmente de corto plazo y las demandas corporativas, de su propio sector. Por eso, superar los objetivos de corto plazo y promover una integración de los movimientos sociales en pro de un objetivo de transformación más amplio se torna pieza clave en ese proceso, siendo necesario, para eso, una estructura orgánica más amplia, articulada en una organización popular intersectorial, o en un tipo de “frente de movimientos sociales populares”, que puedan constituir el germen de la transformación social rumbo a un modelo de poder popular autogestionario.

¡A CONSTRUIR ORGANIZACIÓN POPULAR DESDE ABAJO Y POR FUERA DEL ESTADO!
¡LUCHAR, CREAR, PODER POPULAR, CONTRA EL ESTADO Y EL CAPITAL!
¡CONTRA LA BESTIA CAPITALISTA, LUCHA ANARCO-COMUNISTA!

CAL [Colectivo Acción Libertaria]
Octubre 2013.

Descargar comunicado en formato .pdf:

anarquismo y lo libertario

Enviado a nuestro correo.

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