1 comentario

[Colombia] Artículo | El significado de la revuelta

Julio 13, 2013
Por CILEP
Comuna
El presidente de Egipto acaba de ser derrocado a través de un golpe de Estado. Elegido hace un año, luego de las violentas manifestaciones de la primavera árabe, sucumbió ante la tormenta política de un país con antagonismos religiosos, económicos e ideológicos. Cientos de miles de personas, alentadas por medios masivos de comunicación y llenas de rabia por las indignas condiciones de vida, salieron a la calle para pedir el cambio del gobierno. Jóvenes, militares, grandes empresarios y sectas religiosas confluyeron en las calles. El caso de Egipto no es un caso aislado: se repite en los países árabes, en Brasil, Paraguay, en Europa. Este hecho vuelve a hacer manifiesta la discusión acerca del papel de las grandes y violentas manifestaciones que ponen a los gobiernos nacionales contra las cuerdas y en alerta (y seguramente a los transnacionales también), en las dinámicas políticas de los países y del mundo. No es un proceso revolucionario con fin garantiza-do, ni siquiera es claro que sea un proceso revolucionario, transformador, que pueda cambiar el rumbo del mundo, de los pueblos y de la humanidad en su conjunto, sólo son hechos que ratifican el papel fundamental y central que cumplen las grandes multitudes en los cambios sociales, y el lugar que allí ocupa la violencia como forma de romper la normalidad del capitalismo mercantil.

Nuestro país ha vivido en medio de una tensión a este respecto. La generación de las últimas dos décadas ha visto como año a año se instala en el grueso de la población colombiana (sobre todo la que habita en las grandes ciudades y es presa de los medios masivos de comunicación) una inacti-vidad política agobiante; no se confía en la política electoral de los grandes partidos (con toda razón dice la voz popular: los políticos son unos ladrones), y a veces tampoco de los pequeños o nuevos movimientos; la izquierda y los sectores populares están satanizados por su “cercanía” al enemigo terrorista (enemistar a la sociedad con la guerrilla sirvió para enemistarla con las pro-puestas políticas alternativas).

No obstante, es evidente que la sociedad colombiana está en conflicto: basta ver las noticias y el auge movilizador de los últimos años, o las paredes de ciudades y pueblos, que de mayor a menor grado expresan antagonismos, disputas, denuncias, distancias. Somos un país polarizado, y el go-bierno de Álvaro Uribe profundizó dicha polarización, instalando una cultura y forma “traqueta” de ver el mundo y de pensar la política y el país. Los escenarios regionales y sectoriales dan cuenta de esto en niveles: el Cauca, el Catatumbo, Arauca, el Paro Cafetero, la MANE, son muestras de esas vinculaciones masivas a la política, que se hace en la calle y la confrontación, y que a pesar de poner al gobierno contra las cuerdas y ganar victorias políticas considerables, aun no vinculan a una porción considerable de la población colombiana ni logran transformaciones radicales e in-tempestivas. Esto puede tener varias aristas o perspectivas posibles, entre ellas, que no es este un país de cambios radicales, sino de cambios graduales en una concepción larga de la historia, o que el papel de las masas en Colombia tiene características, comportamientos y condiciones que no son favorables para las grandes revueltas.

Desde una perspectiva revolucionaria, de la transformación de las estructuras y relaciones socia-les, que busca nuevos caminos para Colombia, América y el mundo, ¿son deseables las revueltas? Depende. En el camino de la estrategia transformadora, la revolución tiene una doble consideración: es un acontecimiento y es un proceso. Es un hecho y un período. Un hecho que condensa la voluntad clara e inclaudicable de transformar la realidad existente, y de expresar simbólica y vio-lentamente dicha decisión; y un proceso que refiere a una transformación de las relaciones socia-les en diversos niveles y que va construyendo nuevos valores, imaginarios, prácticas, etc. Una transformación “social y molecular” que va construyendo contrahegemonía y fuerza política. Lo que llamamos construir poder popular. Construir relaciones de solidaridad efectiva, de amor efi-caz, de sinceridad, de equidad entre todas las personas, de posibilidades de desarrollar proyectos individuales y colectivos; pero también de transformar los grandes discursos del país y las estruc-turas que lo soportan: construir formas de gobierno desde abajo, modelos económicos orientados a la vida digna, formas de resolución de conflictos distintos con perspectiva de construcción de comunidad y de país.

Desde esta perspectiva, el papel de las jornadas de movilización, masivas e impactantes (incluso violentas), es clave, aunque en sí no sea suficiente. ¿Es decir que no es posible pensar un cambio o una transformación si no hay un acontecimiento de rutpura, violento y masivo? El papel que ha cumplido en la historia la insurrección de las masas, de las multitudes o de los grandes conglome-rados de personas, ha sido central, y consideramos que hoy lo sigue siendo. Rompe con el círculo de la alienación que normaliza, irrumpe en la cotidianidad circular del capital y de las relaciones sociales burguesas. Es decir, al tiempo que la revolución como proceso cimenta las bases de una nueva sociedad, las grandes y violentas movilizaciones van destruyendo la hegemonía y goberna-bilidad instituida, y van despertando las llamas de la transformación por toda la sociedad.

La política no tiene fórmulas y la historia está abierta a las disputas de los actores colectivos. Por eso no hay un camino necesario entre la construcción de poder popular y la movilización masiva que confronte los poderes políticos. Debe buscarse, y en ese sentido, pensarse la revolución de forma integral. Ninguna revuelta es inédita o ahistórica, todas tienen antecedentes de gestación: trabajo comunitario, autogestión, convocatorias masivas, y además están en un marco de oportu-nidades y límites que imponen las condiciones históricas, culturales, económicas, etc. Entonces peleamos al tiempo que construimos otras relaciones; nos movilizamos al tiempo que generamos conciencia. Luchamos para construir y construimos para luchar.

Una anotación final: la revuelta a veces es como una bola de nieve, que se aumenta a sí misma a medida que avanza. Ya lo decían Marx y Engels en el Manifiesto: la lucha de los sectores populares compele a los sectores medios a tomar parte en la lucha de clases. Hoy, el reto también es ese: no hay mejor convocatoria que la pelea, ni mejor escuela que la lucha.

Y terminamos como comenzamos: la movilización popular masiva y contundente está resurgiendo, como conjunto de experiencias de lucha contra órdenes establecidos. Hace parte de un ciclo de luchas y peleas, que realizan un aparente ascenso montañoso (a veces suben, a veces bajan, pero en general suben). En nuestro país pasa algo parecido, pero en su dimensión. La lucha popular viene en aumento, Tejuntas, el Congreso de los Pueblos, somos expresión de eso, de un proceso de construcción que está empezando a levantar la cabeza; que no ha dejado de resistir, y que ha empezado a pelear. Sepamos combinar lucha y palabra, para que la fuerza de nuestro pueblo esté orientada por la palabra del mismo, y de sus expresiones.

Anuncios

Un comentario el “[Colombia] Artículo | El significado de la revuelta

  1. Con miras a enfrentar esos obstáculos de comprensión y reconocimiento de los “otros” diferentes a “nosotros”, apostándole a un proyecto de país en el que todos los grupos étnicos posean verdaderos espacios para manifestarse, se proponen aquí tres grandes retos de la multiculturalidad a los que se enfrentan no sólo los medios masivos de comunicación, sino también la sociedad civil en general. Estos retos son: 1) reconocer las prácticas de simbolización y procesos comunicativos; 2) entender al otro implica comprenderlo, no estigmatizarlo; finalmente, 3) vencer el conflicto superando la incomprensión.

    Me gusta

Comentar esto...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: