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[Brasil] Notas | Manifestaciones contra el alza en la tarifa del transporte público

[Fotos] Brasil: “No es por 20 centavos, es por derechos”

17/6/2013

x ANRed

Pese a la represión, alrededor de 20 mil manifestantes protestaron en Sao Paulo contra el aumento, de 3 reales a 3,20, en la tarifa del transporte público.

El reclamo parece condensar un descontento más profundo en torno al funcionamiento de los servicios públicos en general y al discurso de que en Brasil “todo va bien” que sostiene el Gobierno. De la mano del Movimento Passe Livre, también, de a poco asoma en la superficie la discusión acerca de la “tarifa cero” y de cómo debería concebirse el transporte, si como un derecho o como una mercancía; un debate que la Argentina, por ahora, ve de lejos.

La policía de San Pablo decretó, el jueves último, que una nueva conducta se transformara en delito: la portación de vinagre. En los momentos previos al inicio de la cuarta manifestación en repudio al aumento de la tarifa del transporte público, los policías paulistas frenaban a quienes transitaban por las inmediaciones del Teatro Municipal, donde se realizaría la concentración, les requisaban las mochilas y demoraban o detenían a quienes tenían botellas de vinagre –líquido que amortigua los efectos del gas lacrimógeno–, o cualquier otro elemento que indicara que se dirigían hacia la marcha.

Pese a eso, alrededor de 20 mil personas lograron manifestarse en San Pablo contra el incremento, de 3 reales a 3,20, en la tarifa de ómnibus, trenes y subtes. Fue la cuarta marcha en una semana convocada por el Movimento Passe Livre (MPL), de la que participaron, además, estudiantes, partidos de izquierda –como el PSOL y el PSTU–, trabajadores del subte e incluso algunas hinchadas de fútbol, pero también gente que adhiere a la causa sin estar nucleada en ningún espacio colectivo.

Las respuestas del gobernador del Estado de San Pablo, responsable de los trenes y los subtes, Geraldo Alckmin (del PSDB), y del alcalde de la ciudad, a cargo de los ómnibus, Fernando Haddad (del PT), incentivaron aún más las movilizaciones. No solo dijeron que no iban a discutir la derogación del aumento, sino que acusaron a los manifestantes de vándalos, mientras la Policía Militar y la Tropa de Choque incrementaban la represión. Si en la primera marcha los detenidos fueron 15, en la del último jueves hubo más de 240. A los detenidos, además, hay que sumarle un centenar de manifestantes y ocho trabajadores de prensa heridos; uno de los cuales, fotógrafo de Futura Press, tiene menos del 5% de chances de recuperar la visión en el ojo izquierdo, donde recibió un disparo de la policía.

El transporte: uno de los principales gastos

En 2010, según estimaciones del Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE), alrededor de 37 millones de brasileños –casi la población Argentina– se encontraban excluidos del sistema público de transporte, por no poder pagar la tarifa. La imposibilidad de viajar significa, para muchos, la imposibilidad de acceder a otro tipo de derechos –garantizados, esos sí de forma gratuita, por el Estado–, como la salud o la educación.

Un trabajador que percibe un salario mínimo, de 755 reales, en el Estado de San Pablo (un poco más alto que el de Brasil en general, de 678 reales), y tiene que tomar un ómnibus y un subte para ir y un ómnibus y un subte para volver del trabajo, gasta, al final del mes, 200 reales en transporte. Es decir, más del 26% del total de su sueldo. Con los aumentos continuos, el transportó se transformó, también según el IBGE, en el tercer mayor gasto para las familias brasileñas.

Sin embargo, cabe la pregunta, por qué son 20 mil los paulistas que hoy salen a protestar, cuando, ante anteriores aumentos, eran cinco mil. En diálogo con ANRed, Tiarajú Pablo D’Andrea, sociólogo brasileño y manifestante, incorpora algunos factores al análisis. “Los programas sociales de Lula y de Dilma –afirma desde San Pablo– hicieron que muchos brasileños salieran de la extrema pobreza, pero sin modificar la desigualdad histórica. Los más pobres incrementaron su capacidad de consumo y, como actores sociales, oscilan entre posiciones más conservadores (por tener más ingresos) y más rupturistas (por tener más nociones de derechos sociales). Las protestas callejeras empujaron a este actor un poco más hacia la ruptura”.

Tiarajú apunta, también, al funcionamiento deficiente de los servicios públicos en Brasil. “Tanto la salud y la educación como el transporte son de mala calidad. Eso fue generando un cansancio en la población, que vio en las marchas contra la suba una forma de mostrar su descontento”, señala. “Por otro lado, la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, en Río de Janeiro, son la fiesta del dinero público redirigido hacia las empresas privadas. La gente empezó a darse cuenta de eso también, y se suma a la protesta como forma de repudiar la cantidad de fondos que se destinan a construir estadios de primer mundo, cuando en Brasil hay servicios públicos de cuarto mundo”.

Pero no es casual, de todas formas, que este descontento se condense en un reclamo relacionado con el transporte. El costo no es el único problema de los ómnibus, los trenes y los subtes en Brasil, explica Tiarajú. En todas las ciudades más importantes, “la gente viaja mal, en transportes precarios y repletos, y tarda muchas horas en trasladarse de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”. Tampoco es casual que el epicentro de las protestas sea el que es. “El símbolo de este caos urbano es San Pablo”, dice Tiarajú. “Una ciudad que creció bajo los intereses privados de empresas constructoras, de urbanismo y de transporte”.

“Tarifa zero”

Si bien el reclamo que nuclea a la totalidad de los manifestantes es el freno al aumento, que significaría un retorno a la tarifa de tres reales, grupos como el MPL ponen el foco en la necesidad de un cambio de paradigma para pensar el transporte. “Por una vida sin molinetes” –instrumento que en Brasil se usa tanto en trenes y subtes como en ómnibus– es una consigna que no expresa solamente el reclamo por la gratuidad, por la “tarifa cero” , sino también la propuesta de concebir el transporte público como un derecho y no como una mercancía.

En un artículo titulado “Por qué estamos en las calles”, publicado la semana pasada en el diario Folha de São Paulo, Nina Cappello, Erica De Oliveira, Daniel Guimarães y Rafael Siqueira, integrantes del Movimento Passe Livre, afirman: “El modelo de transporte colectivo basado en concesiones para la explotación privada y el cobro de tarifa está agotado. Y continuará en crisis mientras el desplazamiento urbano siga la lógica mercantil, opuesta a la noción de derecho fundamental para todas y todos”. “Esa lógica, cuyo norte es el lucro –siguen–, conduce a las empresas, con la connivencia del poder público, a aumentar repetidamente las tarifas. El aumento hace que más usuarios del sistema dejen de usarlo, y, con menos pasajeros, las empresas aplican nuevos reajustes”.

Uno de los argumentos centrales de los integrantes del MPL es que la población viaja, la mayoría de las veces, para trabajar; es decir, para realizar una tarea que aporta a toda la sociedad. Sin embargo, se hace cargo del pago de la tarifa, sin la contribución de los sectores que realmente se benefician de esos traslados. “Por eso defendemos la tarifa cero, porque es una forma indirecta de pagar los costos del sistema, repartiendo la cuenta entre todos, ya que todos son beneficiados por él”.

Ante este planteo, el alcalde de la ciudad de San Pablo, Fernando Haddad, respondió que implementar la tarifa cero en los ómnibus de la capital costaría seis mil millones de reales y que, para que la discusión sea seria, precisaría saber de dónde sacar esos fondos. Más allá de la discusión local –en un comunicado, el MPL le contestó que el presupuesto para el 2013 se incrementó, precisamente, en seis mil millones de reales en relación con el de 2012–, es interesante ver el alcance y la repercusión de un reclamo que, en la Argentina, no aparece ni siquiera bajo la forma de consigna.

Marchas en San Pablo y en Buenos Aires

Después de la liberación de los detenidos en las marchas anteriores, hoy, lunes, a las 17 horas de San Pablo, se realizará la quinta manifestación en contra del aumento de la tarifa, y en repudio, también, a la represión policial.

Ayer, una de las centrales de trabajadores de Brasil, la CSP-Conlutas, anunció que participará de la marcha. La central nuclea a trabajadores metalúrgicos, rurales y de comercio, entre otros rubros. El Movimento dos Trabalhadores Sem Teto y el Movimento Periferia Ativa también expresaron que se plegarán a la protesta, con manifestaciones y bloqueos en diferentes lugares de la periferia de San Pablo.

En Buenos Aires, mientras tanto, la comunidad brasileña en Argentina convoca a concentrar en el Obelisco, el martes a las 17, para marchar hacia la Embajada de Brasil, ubicada en Cerrito 1350. El propósito es expresar la solidaridad con reclamo contra el aumento tarifario y repudiar el accionar represivo de la policía paulista.

Fuente: http://www.lahaine.org

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Brasil: São Paulo, una revuelta por la libertad, más que por el transporte

por Brisa Araujo

Lunes, 17 de Junio de 2013 
Brasil: São Paulo, una revuelta por la libertad, más que por el transporte
“Está equivocado quien piensa que lo que vemos aquí o en Turquía, esté motivado solamente por 20 centavos más en la tarifa del transporte o por algunos árboles menos en una plaza. Los jóvenes descubrieron la libertad y ahora también la quieren probar en la política”.

Fuente: Desinformémonos

El anuncio de un incremento en las tarifas de los autobuses urbanos en la ciudad de São Paulo, fue el origen de las protestas masivas más grandes y reprimidas de los años recientes en la ciudad más grande de Brasil.

Convocadas en un primer momento por el Movimiento Pase Libre (MPL), las miles de personas que ocuparon las calles y las distintas terminales de pasajeros (cuatro veces en una misma semana), vieron crecer la adhesión al movimiento, junto con la represión policiaca.

El Movimiento Pase Libre fue acusado por las autoridades y por los grandes medios de promover el desorden y el vandalismo. Pero ellos dicen que el movimiento ya es mucho más grande de lo que pueden controlar. “Está fuera del control. Hay una revuelta popular que existiría aunque no estuviéramos ahí. Cuando se decretó el aumento, también se decretó la revuelta popular. La situación es muy grave y así lo va a seguir siendo mientras la policía reprima”, dice el estudiante Caio Martins.

Para el MPL, la violencia ya era esperada, aunque no en estas proporciones. Luiza Mandetta defiende que la reacción del alcalde Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), evidencia la verdadera cara del partido de Lula. “No fue una sorpresa la actitud de Haddad, que muestra mucho de lo que es el PT hoy: un partido que se dice de izquierda, que fue formado por el trabajo de base junto a movimientos sociales y que hoy los criminaliza abiertamente. Haddad defendió la acción de la policía, bajo la justificativa que obstruir las vías públicas pone las personas en riesgo y que, por lo tanto, la represión policiaca estaba autorizada”, declaró Mandetta.

Fernando Haddad llegó al poder después de una campaña que puso a los jóvenes en primer plano. A través de su eslogan “existe amor en SP”, prometió una transformación en la relación entre gobierno y ciudadanos. Con relación al tema de los transportes, una de sus primeras medidas fue crear una tarjeta mensual con la intención de reducir el costo para los usuarios del transporte público. Sin embargo, los militantes acusan que esta solución está muy lejos de lo que la ciudad necesita. “Haddad no puede huir de su responsabilidad y esconderse detrás del boleto mensual. Esta propuesta beneficiará a pocos usuarios y aumentará en más de 50 por ciento el subsidio del Estado, algo que podría ser revertido en la disminución de la tarifa”, critica Rafael Siqueira, del MPL.

El problema del transporte, defienden los activistas, es algo que ya no puede ser ignorado. “El transporte hoy es el tercero mayor gasto de la familia brasileña, lo que significa que la población ya no tiene derecho a transitar”, denuncia Rafael Siqueira. El PT ya lo sabe hace mucho tiempo, ya que el primero proyecto de extinción de las tarifas de transporte público vino de un gobierno petista. Fue Lucio Gregori, secretario de transportes de la gestión de la alcalde Luiza Erundina, en 1990, quien lo propuso.

Hoy, 23 años después de la primera propuesta, la tarifa libre es tratada como “anarquía”. Para el sociólogo Wagner Iglecias, profesor de gestión de políticas públicas de la Universidad de São Paulo, los discursos mediáticos y el de la clase media conservadora son los responsables de que se analice sin profundidad la cuestión. Según Iglecias, “el discurso mediático siempre se preocupa con los impactos en el tráfico, sobre todo con los coches. Es como si el espacio público fuera solamente lugar de la locomoción ordenada entre dos espacios privados: de la casa para el trabajo y del trabajo para la casa. Pero ¿quién dijo que el espacio común no puede ser el lugar de discusión de los temas y problemas que son comunes a todos?”, indaga Wagner.

Para Iglecias, más que el problema específico, las manifestaciones de la última semana muestran una fuerza joven. “Está equivocado quien piensa que lo que vemos aquí o en Turquía, esté motivado solamente por 20 centavos más en la tarifa del transporte o por algunos árboles menos en una plaza. Los jóvenes descubrieron la libertad y la horizontalidad en el internet, y ahora también las quieren probar en la política”, afirmó el profesor.

Las movilizaciones Los manifestantes defienden que el transporte público es un derecho de todos, ya que representa la capacidad de libre locomoción garantizada por la Constitución federal. Para ellos, la tarifa propuesta de 3 reales con 20 centavos (cerca de 19 pesos mexicanos) es una violencia contra la mayor parte de la población. “La gente tiene que buscar otras fuentes de ingresos o hasta comer menos veces al día para poder seguir pagando su boleto. En 2010, 37 millones de brasileños no tuvieron condiciones de pagar la tarifa y por esto estuvieron impedidos de acceder a educación, trabajo, salud, cultura y diversión. Cada vez que sube la tarifa, este número también se incrementa”, declaró la militante del MPL, Luiza Mandetta, en entrevista con Desinformémonos.

Durante la tercera manifestación contra el aumento de la tarifa, el martes 11 de junio, la policía militar detuvo a 13 personas. Los profesores, obreros, estudiantes y hasta periodistas (que reportaban la protesta), fueron acusados de daño al patrimonio público y formación de pandilla. Los jóvenes, de edades de entre 19 y 27 años, siguen presos, ya que la fianza establecida por la policía fue de 20 mil reales (cerca de 120 mil pesos mexicanos). Pase Libre hace un acopio para obtener el monto necesario para sacarlos.

Pedro Nogueira, periodista de la página Aprendiz, fue uno de los detenidos por la policía mientras realizaba su trabajo. Nogueira, de 27 años, quiso impedir que los policías golpearan a una mujer. “Aun comprobando que trabajaba cubriendo el evento, y sin ninguna prueba de la absurda acusación en su contra, Pedro sigue encarcelado. Todavía con las marcas de tortura y con la solidaridad de distintas entidades, está en la Segunda Delegación de Policía, con otras personas, incluso con otro periodista, Raphael, que está gravemente herido. Reporteros de los grandes periódicos detenidos en la manifestación fueron liberados en media hora, ¿por qué la diferencia?”, indaga Júlio Delmato, amigo del periodista preso.

En la manifestación del jueves 13 de junio, 68 personas fueron detenidas antes del inicio de la marcha. La justificación: los detenidos portaban megáfonos y botellas de vinagre – que serían usadas para cancelar los efectos del lacrimógeno. Periodistas de tres distintos medios una vez más estuvieron entre los que se llevaron los policías.

La marcha salió del centro de la ciudad y la policía militar buscó impedir que la multitud, estimada en 30 mil personas, llegara a la avenida Paulista, destino final de la manifestación. Para esto, los encorralaron y los separaron en grupos más pequeños, utilizando para esto bombas de gas lacrimógeno y balas de goma.

La estudiante de comunicación Thais Bernard cuenta como la manifestación pasó de un acto pacífico a “una guerra de un sólo ejército”: “Todos estábamos organizados y pacíficos hasta que el grupo de choque de la policía disparó bombas de gas lacrimógeno sin justificación alguna contra los que caminaban. Corrí y me sentí dominada por la impotencia. Muchos manifestantes perdieron el control, ya que fuimos cobardemente encorralados e impedidos de caminar por nuestro derecho a transitar”, narró Thais.

Fuente: http://www.kaosenlared.net/america-latina/al/brasil.html

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