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[Chile] Artículo | Los inicios anárquicos del movimiento obrero en la región

Colgamos el siguiente texto para desmontar algunos de los mitos que circulan sobre la historia del movimiento obrero en la región chilena. Los mitos habituales suelen desestimar la función que cumplieron los grupos anarquistas en la conformación del proletariado organizado en esta zona geográfica. Ésto se debe al extenso auge de la historiografía liberal, conservadora y marxista, las cuales invisibilizaron permanentemente el aporte acrata a la lucha obrera en esta región del mundo. Las facciones liberal y conservadora nunca visibilizaron ningún sujeto o actor social fuera de las clases dirigenciales. Por otro lado, las tesis marxistas, en una visión extremadamente mecanicista de los procesos sociales, desestimaron el aporte de estos grupos por considerarlos una etapa poco evolucionada del movimiento obrero, la cual obviamente tenia que superarse hacia formas menos primitivas y más apegadas al progreso de la clase obrera, en definitiva debían evolucionar hacia la forma organizativa marxista. Más allá de este debate, lo cierto es que los anarcos de esta zona del planeta jugaron un rol primordial en la generación de una cultura obrera autónoma y antagónica al capitalismo. El texto que les dejamos a continuación es un extracto del articulo “1º de Mayo de 1899: Los anarquistas y el origen del “día del trabajador” en la región chilena” del historiador Víctor Muñoz C. el cual es posible descargar completo al final del texto. [Metiendo Ruido, M.R]

Anrquistas de la IWW, fundamentales en la conformación del movimiento obrero en la región chilena

La cuestión social y el movimiento obrero y popular en la alborada del siglo XX

El siglo XIX se marchó dejando tras de sí un alarmante escenario. Arreciaba en esta región lo que se ha dado en llamar “la cuestión social” lo que, en resumidas cuentas, es la serie de problemas derivados del proceso de transición de una economía generalmente agraria a una predominantemente urbana e industrial (1). Esquemáticamente, el fenómeno relata la emigración de innumerables multitudes de campesinos –jóvenes en su mayoría- hasta los centros económicos ubicados en puertos, industrias y enclaves mineros. Las ciudades no fueron capaces de resistir la irrupción de las masas en vías de proletarización, lo cual conllevó a que éstas fueran obligadas a vivir hacinadas, provocándose así (entre otras cosas) que Chile fuera el Estado con mayor tasa de mortalidad infantil del continente(2).

Las clases laboriosas estaban condenadas a padecer los embistes del capitalismo. No existían leyes que les protegieran en el trabajo, en muchas partes se pagaba con fichas y no con dinero, la educación era privilegio de pocos. Estaban solos, el Estado residía ligado a las redes de poder de la oligarquía y en esa situación su posición frente a los obreros generalmente no fue de neutralidad o simpatía, sino de confrontación. Quizás el mejor argumento en tal sentido nos lo da él mismo cuando mediante su Ejército asesinó a cientos de trabajadores en 1890, 1903, 1905, 1906, 1907, y aún hasta mucho después. La Iglesia alguna vez intentó ayudar, pero su nivel influencia era mínimo en comparación al sindicalismo laico y, de hecho, el nivel de desprestigio de su obra era tal que no pocas veces se les expulsó de reuniones obreras. No sin cierta razón muchos trabajadores veían en su obra mero asistencialismo y defensa del orden. Después de todo, los altos prelados estaban íntimamente ligados –por familia y por otras redes- a las elites del país.

¿Qué hacer? Los trabajadores (los artesanos primero y los obreros después, aunque también al mismo tiempo) apostaron por organizarse: fundaron sociedades mutuales, centros de educación popular, cooperativas de consumo, más tarde sociedades de resistencia y sindicatos. Algunos en unión con otras clases intentaron fundar una colectividad electoral de corte popular: así nació en 1887 el Partido Democrático (PD). Era el primer partido que situaba en su programa la emancipación económica del pueblo. Sin embargo, la posición reformista y proclive a forjar alianzas con sectores considerados oligárquicos hizo que en el interior del PD se formasen corrientes disidentes cuyos intereses fueron convergiendo en la necesidad de avanzar hacia ideologías más “socialistas”. Por ello es que al cambio de siglo varios de los militantes del PD intentaron fundar entidades exclusivamente clasistas, tales como el Partido Obrero Francisco Bilbao o el Partido Socialista (no el actual).

De la misma disidencia en el interior del PD apareció también un buen grupo de individualidades que, convencidas del fracaso de la vía electoral como generadora de cambios sociales, fueron a nutrir a la emergente corriente anarquista. Estos últimos, concentrados en un principio en Santiago y Valparaíso principalmente, apostaban por la acción directa y por la superación revolucionaria de todas las autoridades, económicas, políticas y morales. El inicio del siglo XX marcó un quiebre en el movimiento obrero y popular. En el seno del bullicioso momento histórico una corriente revolucionaria cada vez más identificable en su autonomía y expansiva en su radio de acción, se abría espacio en el campo de las reivindicaciones de los grupos subalternos. Entraban en la arena los anarquistas y los socialistas.

Los primeros grupos anarquistas de la región chilena

Periódico anarquista "El Rebelde" surgido a fines del siglo XIX

Los primeros años del anarquismo organizado en estas tierras confunden a sus hombres y mujeres con los defensores de otras perspectivas obreristas(3). El tránsito desde y hacia el Partido Democrático o las agrupaciones protomarxistas era constante, lo que como es de imaginar concitó críticas y polémicas virulentas. Aparte de esa vertiente de anarquistas parida en el seno de otras corrientes ideológicas, otros grupos independientes y quizás muy reducidos pululaban en las últimas décadas del siglo XIX en la región chilena. Grupos e individuos que se han vuelto de muy difícil rastreo. Aunque, y por otra parte, la inexistencia de registros explícitos no implica una ausencia necesaria de militantes actuando en diversos espacios gremiales y sociales. Como botón de muestra de tales cavilaciones comunicamos al lector nuestras sospechas en torno, por ejemplo, a El Obrero, periódico popular editado en la capital en 1890 bajo la administración –al parecer- de algunos grupos de tipógrafos. En él se deja ver que el periódico anarquista barcelonés El Productor (1887-1893) llegaba a ciertos individuos de esta región. El Obrero no esconde su simpatía por el libelo catalán y en sus páginas se hacen llamados revolucionarios a los “americanos”. ¿Llegaban ya los posteriormente célebres y denostados agitadores extranjeros? No lo sabemos y esperemos que pronto algún compañero o compañera se entusiasme y nos de nuevas luces al respecto(4). Por otro lado, tres años después y en Valparaíso, salió a la luz El Oprimido, publicación que se autodefinía “comunista-anárquica”. Si bien estas menciones parecen restringidas y algo etéreas, nos sirven para invitarnos a pensar que antes de la explosión de la cultura libertaria en esta región ya existían elementos aislados que aunque difíciles de cualificar y cuantificar son también simientes de lo que vendría después.

Ya en 1899 se consolidaba en Santiago una tendencia de claro cariz anarquista. Es evidente que había conceptos confusos (como la fugaz tentación por partidos obreros), pero existían otros (como el internacionalismo) que parecían homogenizar el abigarrado mundo ácrata de la capital. No obstante y a pesar de lo complejo que es siempre encerrar en límites cronológicos los eventos, diversos autores han convenido en ver a los años 1898-1902 como testigos de la explosión orgánica de los anarquistas en estas tierras(5). Durante esas jornadas una gran cantidad de periódicos y organizaciones sindicales de orientación libertaria empiezan a emerger en Santiago y Valparaíso, y no pasarán muchos años para que la Idea tenga sus voceros en otros varios puntos del territorio. Un siglo nuevo se iniciaba y con él los anarquistas se situaban y formaban al fragor de las luchas sociales y bajo el amparo de las esperanzas de redención social. La primera editorial de El Rebelde en noviembre de 1898 nos confirma las expectativas puestas por no pocos hombres y mujeres hacia la idea: “Esta doctrina, que a despecho de sus enemigos se abre camino en todas partes, iluminando con la antorcha de la razón i la filosofía los mas apartados rincones del mundo, combatirá en Chile, como en el Japón i hasta en la China, la tiranía i la explotación, operando la gran evolución cuyo periodo elegido se desarrollará en el escenario universal del siglo XX”(6).

Magno Espinoza

Naturalmente esta actividad subversiva que hasta cierto punto era también inédita, con sus hombres, con sus ideas, discursos y publicaciones, pronto despertó la enemistad del Estado y la prensa de masas. Así, no pasaría mucho tiempo hasta que Magno Espinosa, coordinador del periódico recién citado, fuese arrestado por las doctrinas “disolventes” que predicaba en sus páginas(7). Se podría decir que ese fue el bautizo del anarquismo chileno. El bautizo a palos de un hijo no deseado, de un engendro que era capaz de blasfemar a la patria.

En marzo de 1898 apareció La Tromba, periódico que coqueteaba con el anarquismo. En noviembre y ya más explicito en términos ideológicos nació El Rebelde que, tras dos números, desaparecerá en mayo de 1899. A éste se le sumará pronto La Campaña (1899-1902), La Ajitación (1899-1903), El Ácrata (1900-1901), El Siglo XX (1901), y La Luz (1901-1903). De ahí en adelante la propaganda anarquista no cesará a pesar de persecuciones y crisis internas, así como de su disparidad de profusión y temporalidad, hasta la actualidad. En la primera mitad del siglo XX en total se habrán de editar cerca de 50 periódicos libertarios. Algunos fugaces, pero otros de larga data.

Junto a la propaganda, los primeros años de la nueva centuria ven aparecer y multiplicarse en el mundo obrero a las sociedades de resistencia, organismos sindicales de claro cariz anárquico. Las sociedades de resistencia apostaban por la lucha directa contra los patrones. Había que evitar la intromisión de politiqueros y presionar mediante la huelga para acabar con las mil y una injusticias sociales.

En resumidas cuentas con el cambio de siglo los anarquistas se introducían en el escenario sindical y cultural de los trabajadores de la región chilena. Se inauguraba la época de esplendor de la Idea a nivel local, la que empezaría a decaer –por varios factores- a finales de la década del 20. Tiempos estos (1898-1927) en donde las organizaciones sindicales de orientación anarquista, según Peter DeShazo, fueron el principal motor de las huelgas y de la lucha social de estas tierras(8).

bibliografia

1-Castel, Robert, La metamorfosis de la cuestión social, Paidós, Buenos Aires, 1997; Mario Garcés, Crisis social y motines populares en el 1900, LOM, Santiago, 2003; Sergio Grez (Recopilación y estudio crítico), La “Cuestión Social” en Chile. Ideas, debates y precursores, DIBAM, Santiago, 1995.

2-Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios. Formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX, LOM, Santiago, 2000; Julio Pinto, “De proyectos y desarraigos: la sociedad latinoamericana frente a la experiencia de la modernidad (1780-1914)”, en ContribucionesCientíficas y Tecnológicas, Área Ciencias sociales 130, USACH,2000.

3-Sergio Grez, Los anarquistas…,op. cit.

4-Sobre el anarquismo español y este periódico ver, entre otros, a Javier Paniagua, Anarquismo y Socialismo, Historia 16, Madrid, 1999.

5-Por esta oportunidad omitiremos la interesante duda que nos plantea el periódico anarquista El Oprimido que apareció en Valparaíso en 1893. Un estudio meticuloso de los ejemplares de ese libelo nos entregará datos importantes sobre los primeros ácratas de la región chilena. Nos parece interesante plantear el asunto, puesto que es necesario complejizar esa inevitable tendencia que se tiene en la historia de amarrar asuntos e ideas a años específicos. Un ejercicio arbitrario y por lo mismo artificial. Es una herramienta claro, y la usamos, pero queda hecha la advertencia en cuanto a sus límites: ordena, no explica.

6-“El Rebelde”, El Rebelde (Santiago, región chilena), 20 de noviembre de 1898.

7-Sergio Grez, Los anarquistas…,op. cit., p. 44

8-Peter DeShazo, op. cit.

DOCUMENTO COMPLETO AQUÍ

Escrito por Victor Muñoz C.

Fuente: http://metiendoruido.com

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