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[Chile] Opinión | Comienzan las movilizaciones y con ellas las tensiones dentro del movimiento estudiantil

En las últimas semanas hemos visto la inusitada atención que ha hecho la prensa de la acusación constitucional a Harald Beyer. Ésta actitud, propia de los medios, busca desviar la mirada hacia los hitos y ritmos que plantean la clase política. Bajo la lógica de los medios y la Concerta el problema educacional es un asunto de gestión, en ningún caso estructural, pareciera que acusando a un ministro y cambiándolo por otro monigote las cosas se van a solucionar. Dicha forma de pensar es la que inculca el espectáculo, cambiemos la fachada, pero no el fondo. La política del espectáculo y los medios se permiten criticar la superficie del problema, pero nunca sus causas estructurales.

Por nuestra parte, y más allá de las acusaciones constitucionales y los circos mediáticos, creemos que la actual coyuntura se caracteriza por otros elementos que tienen más que ver con lo que pasa en el movimiento que con lo que pasa en el congreso. En el siguiente texto, debido al espacio, nos abocaremos a uno principalmente. El cual se manifiesta en una constante tensión entre dos visiones que se encuentran insertadas dentro del movimiento, pero que son potencialmente antagónicas una con otra.

En primer lugar tenemos la apuesta por la lógica de representatividad y la institucionalidad. Aquí se aglutinan todos aquellos sectores que siguen pensando que el movimiento logrará sus triunfos a través de una mayor adhesión numérica de participantes y mejores dirigencias. La facción más conservadora de éste grupo es el representado por los actuales candidatos a diputados como Vallejos y Jackson S.A. Éstos han tomado un camino claro de continuidad en el modelo y no de ruptura.

Otra facción, menos conservadora, pero que aún contiene elementos de continuidad con el modelo, son todos aquellos que no tomando el camino institucional de las elecciones pero mantienen la lógica de la representatividad dentro del movimiento. Siendo los que articulan un discurso ciudadano para aglutinar mayores contingentes sociales a las manifestaciones, pero sin hacer una crítica de fondo al modelo.

En este sentido, ellos confiaran en que el camino pasa por unir más gente a la causa y fortalecer las dirigencias, en una inocente maniobra por ser los “verdaderos representantes” del movimiento, no como Jackson y Vallejos S.A. que ya se vendieron, según ellos.

El problema de estos grupos es que siguen reproduciendo la política de la representación, en donde existe una separación aún rígida entre dirigentes y movimiento, entre cúpulas y bases. Estas divisiones no se dan por que sus integrantes sean naturalmente autoritarios, sino, por que su crítica y su acción frente al sistema siguen bajo las lógicas que impone el modelo. Por lo general, éstos grupos miran permanentemente hacia el E$tado, buscando en él las respuestas y soluciones absolutas para las aspiraciones del movimiento. En este sentido siguen bajo una mirada conservadora/asistencialista que busca como objetivo del movimiento una mejor negociación. Buscando encarnar al movimiento frente al papito E$tado, el cual sabemos que no dialoga con el movimiento, sino que solo con sus dirigentes. Aquellas colectividades aún participan en la institucionalidad en tanto se moldean a sus pautas y lógicas de representación: “no se preocupen cabros, el problema se solucionara, en última instancia, en una sala cerrada en donde burócratas, empresarios de la educación y dirigentes estudiantiles negocian una salida apartada”.

Por último, estas facciones se caracterizan por una sospechosa vocación economicista para buscar soluciones al problema educativo. En general, ellos dirán, que el problema de la educación es netamente económico, por ejemplo, muchos postularán la nacionalización de los recursos naturales como única forma de solucionar el problema, porque de ahí se recaudaría la platita.

Obviarán otros dilemas como el hecho de que la educación es un sofisticado aparato de control social o que sus dinámicas aún sean autoritarias y verticales, generando consigo toda una sociedad pasiva y acostumbrada a recibir órdenes. Todo se resumiría en el asunto de las lucas, pero en ningún caso en un problema estructural. Seguirán creyendo que los problemas se solucionan con mejores medidas técnico/económicas, en una actitud parecida a la lógicas planteada por los representantes de la clase política, claro que, presentando como solución cambios técnicos mucho más profundos e inyecciones económicas más abultadas. Todo el conflicto se solucionaría con la puesta en práctica de lo que se suele denominar educación gratuita, la cual en términos simples significa mayores subvenciones del E$tado a las universidades para hacer de ellas un servicio de consumo gratuito o, incluso, educación privada sin costo bajo las perspectivas que la empresa educacional decida para lxs niñxs (como los colegios católicos o téctnicoprofesionales). Los cambios que propone esta vertiente son de índole cuantitativa pero en ningún caso cualitativa.
La facción conformada por estos dos grupos que presentamos anteriormente, en primer lugar el que va por la vía eleccionaria institucional, como la dupla Vallejos-Jackson, y los segundos, que son los que aún juegan bajo la lógica representativa liberal, pueden ser catalogados, sin ningún temor, como: institucionales y reformistas, respectivamente.

Los reformistas criticarán a los institucionales sin notar que la lógica de la representación que ellos inculcan es precisamente la que permite que las salidas institucionales afloren. Ambos son colaborativos. Más allá de sus discursos, los reformistas son la seudonegación, o a lo más una tibia negación, de los institucionales. Con distintos matices, ambos son claramente del mismo bando.

Ahora, por el otro lado del movimiento, hay agrupaciones que están en una continua tensión con las posturas descritas anteriormente, caracterizándose por superar las lógicas institucionales y representativas, tan típicas de los movimientos de masas. Denominaremos a esta facción como la vertiente rupturista dentro del movimiento estudiantil.

La vertiente rupturista rechaza de plano el camino de las instituciones, por considerarlo parte integrante del modelo de dominación. Por otro lado, intenta evitar, en lo posible, la lógica liberal representativa, eliminando, también en lo posible, cualquier división entre dirigencias y movimiento, bases y cúpulas. Caracterizándose principalmente por no tener como único fin la negociación con el aparato de dominación, la obsesión de siempre mirar hacia el E$tado.

En contra partida, el movimiento de ruptura, mira dentro de sus propias filas en busca de respuestas, es desde ahí donde intenta generar su proyecto de contestación al sistema. Su crítica, entonces, al no estar supeditada a las lógicas y ritmos que impone el E$tado, es mucho más radical que las descritas en párrafos anteriores.

Es por esto que no llama la atención que el movimiento rupturista no se encuentre totalmente conforme con el eslogan “educación gratuita”. Eslogan, que por lo demás, fue incorporado al discurso de los medios y el espectáculo, incluso contra la voluntad de sus promotores, principalmente porque mantiene dentro de sí las lógicas del espectáculo.

Para los rupturistas la educación es mucho más que un bien gratuito o pagado. La educación es también un aparato de dominación que reproduce las lógicas y pautas dominantes. Tampoco es solamente una oportunidad para ascender económicamente, o cambiar de clase social, como supuestamente debiera ocurrir con los estudios universitarios, sino que es una instancia de socialización de conocimientos y saberes libres para toda la comunidad.

Desde aquí han surgido propuestas que superan el binomio entre educación pública y educación privada. Levantándose iniciativas como el control comunitario, que reivindica la educación en las manos de las comunidades mismas (académicxs, alumnxs y el entorno local), en búsqueda de modelos de desarrollo propios, bajo los conceptos: autonomía y autogestión. Esta propuesta supera la visión institucional y reformista que busca simplemente pasar la educación de unas manos a otras, pero aún no concreta sus ideas, por lo que se ha invisibilizado.

Muchos, más allá de la discusión de que si la educación debiera ser pública o privada, se están preguntando sobre la naturaleza misma del concepto de educación. Tema profundamente poco considerado y que pareciera ser básica para generar una propuesta verdadera, dentro del campo educacional.

Algunos critican la existencia misma de las escuelas, al fin y al cabo, éstas no existían antes de que se inventaran en el siglo XIX, sin embargo la educación igual se generaba, solo que mediante otros circuitos de producción y circulación. Otros cuestionan no solo la calidad pública o privada de las universidades, sino que la naturaleza mercantilizada de los conocimientos que se producen en ellas, el cual, más allá de provenir de instituciones públicas o privadas, es generado primordialmente para satisfacer las necesidades del mercado.

En definitiva, se están proponiendo salidas no institucionales, no se está intentando representar bajo las lógicas liberales al movimiento estudiantil, mas bién, se busca reconstruirlo desde dentro, silenciosamente, avanzando hacia ideas y prácticas que ponen en peligro la educación tal cual la conocemos. Es evidente que el discurso de la educación gratuita, aunque no es desechado (y quizás ni siquiera tenga que serlo totalmente), es cuestionado bajo la necesidad de una proliferación de la crítica para que el movimiento no termine bajo salidas institucionales y reformistas, en definitiva, las típicas clausuras de los movimientos estudiantiles año a año.

La corriente rupturista, a diferencia de las otras, supera el ciudadanismo en tanto no busca respuestas de integración al sistema. Las versiones institucionales y reformistas, en cambio, no cuestionan las bases mismas del modelo en función de captar los anhelados adherentes, cautivando a la ciudadanía. Tal y cual lo hacen lxs políticxs al momento de las votaciones. Es por esto que no llama la atención que la vertiente rupturista no sea considerada por los discursos oficiales y los medios, como si las propuestas emanadas por los otros grupos que tendrán paginas de importantes periódicos burgueses y minutos en el espectáculo de la TV. Esto se podría considerar como una debilidad de la corriente rupturista al ser menos visible por los canales habituales y masivos, en cambio, nosotros, lo consideramos una señal de vitalidad y salud. Esto significa que el espectáculo aun no puede digerirla fácilmente.

La tensión entre las distintas versiones del movimiento es latente, símbolo de ello son las nuevas palabras que entran en discursos como: autoeducación, educación comunitaria, horizontalidad, autonomía, autogestión, etc. Esta tensión también se manifiesta, no solo en los discursos, sino en otras prácticas que traspasan las lógicas institucionales y liberales representativas. La búsqueda por la construcción de una educación propia frente a la exigencia de la misma al E$tado, es una práctica que se está acentuando, o por lo menos ya no parece tan descabellada y marginal como antes.

Por nuestra parte aportamos con el debate, porque nos parece que lo último que se debiera hacer es obviarlo, ya que es una discusión profundamente necesaria. Creemos que ya es tiempo de no solo criticar la institucionalidad, sino también las lógicas burguesas de representación que tanto mal le han hecho a los movimientos. Seguimos gritando que:
¡nadie nos representa, excepto nosotrxs mismxs!
Escrito por Mancomunal de pensamiento libre

Fuente: http://metiendoruido.com

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